Hace 1755 años, en Turquía, específicamente en la región de Licia nació el pequeño Nicolás, quien desde niño mostró un espíritu generoso comprometido con el bien común y con el bienestar de los demás, y uno de los ejemplos más notorios de su bondad lo dio luego de la muerte de sus padres como aumentó en que heredó una fortuna en viñedos y arcas de dinero.
Nicolás tomó la decisión de vender todos sus pertenencias y repartir los recursos obtenidos entre los pobres de la región. Su tío, arzobispo por destino ve en él a un noble y futuro sacerdote por lo que a pesar de su juventud lo ordena dentro de las filas religiosos, en donde la bondad de Nicolás obtiene ecos que la dan a conocer en diversos lugares del mundo.
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El destino lleva a este joven noble hacia Myra lugar que ha perdido a su obispo, por lo que se encuentran en el momento de un cónclave en el que participan hasta los habitantes civiles de la región. Es posible que conociendo la bondad del joven Nicolás, este haya sido el principal pretexto para ser ungido a este cargo a sus escasos 30 años.
Existe una infinidad de historias acerca de los milagros que realizó el obispo Nicolás, desde impedir que tres hijas tomaran el mal camino otorgándoles importantes dotes en oro para que pudieran alcanzar un matrimonio con todas las de la ley, hasta achacarle la resurrección de tres infantes atacados de manera inhumana, sin dejar de lado la valentía que tuvo de defender el credo cristiano en el concilio de nicea.
Nicolás pasa a ser papá Noel, el espíritu de la Navidad en el mundo occidental
La historia nos lleva al 6 de diciembre del año 352 en que el inexorable paso del tiempo cobra la vida de Nicolás, entre lamentos de sus colegas eclesiásticos y aquellos hombres como mujeres y niños quiénes sentían ser hijos de este formidable personaje religioso. Sus actos lo determinan ya como un Santo, San Nicolás se le comenzó a conocer post mortem. Sus restos abandonan la catedral erigida en su nombre en lo que hoy es Estambul.
Luego de varios días a través del mar desembarca en Bari, región ubicada al sur de Italia donde lo espera su nueva última morada en la catedral de este destino. Muchos aseguran que de sus reliquias y restos mortuorios emana un líquido milagroso, como una prueba más de su bondad y preocupación por los demás.
El tiempo avanza y con las vísperas del aniversario luctuoso, en pleno 5 de diciembre, en territorios de Países Bajos y Bélgica, en aquel tiempo parte de la corona española, recogen las leyendas de Sinterklaas, pronunciación propia de San Nicolás, que en estas fechas llegaba a diversos territorios repartiendo galletas a los niños y buenaventura a las personas de fe. Los relatos populares lo muestran ya con una tradicional capa roja.
Desde Holanda y con el eco de sus acciones como respaldo, Sinterklaas o San Nicolás atraviesa Austria, Suiza, Polonia y Alemania, en donde cada 6 de diciembre los niños y aquellos en quienes la esperanza nunca muere, esperan el arribo de San Nicolás para que los llene de esperanza y fe. Para 1624 el destino lleva a los holandeses a fundar nueva amsterdam con figuras de Sinterklaas como si fuera un santo patrono.
Para 1809 ya en territorio estadounidense las bondades de Sinterklaas son ampliamente conocidas, y es aquí donde comienza a cambiar fonéticamente por el nombre de Santa Claus. Es a partir de este momento cuando el marketing empresarial comienza a transformar la vida épica de este hombre de fe en un viejo regordete con un traje rojo y un cinturón negro que carga siempre con un costal llevando juguetes a los niños y alegría por el mundo. En este video de @canalsanctasanctorum conocerás más sobre esta leyenda.