Si vas a visitar Guanajuato próximamente y buscas un destino fuera de lo común, con mucha belleza natural e historia, quédate para descubrir este lugar: junto a la Presa de la Purísima se eleva el Cerro del Sombrero, una formación rocosa que llama la atención tanto por su silueta como por los vestigios antiguos que hay en sus laderas.
Su cima es un increíble mirador dentro del paisaje del Bajío y al recorrerlo aparecen restos arqueológicos y grabados en piedra que revelan la presencia de antiguos habitantes en la zona. Ese balance perfecto de naturaleza y pasado prehispánico logra que el lugar sea atractivo para quienes disfrutan de explorar rincones poco intervenidos.
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El nombre del cerro proviene de su forma característica. Desde el valle se distingue como una gran masa de basalto que recuerda a un sombrero extendido sobre el terreno. Alrededor del cerro se elevan acantilados de hasta 150 metros, lo que vuelve complicado el acceso por varios lados. Por esa razón, la ruta más viable para subir se encuentra en el sector noroeste, donde un camino natural permite ascender hacia las zonas altas.
El recorrido hacia la cima atraviesa senderos artificiales de piedra que han permanecido durante generaciones. A lo largo del trayecto aparecen nopales, cactus y árboles propios del paisaje semidesértico que crecen entre los bloques volcánicos. El terreno se transforma conforme se gana altura y comienzan a verse afloramientos rocosos con grabados antiguos. Estas marcas en la piedra anticipan que el cerro tuvo una importancia mayor que la de un simple punto de observación.
Consejos para visitar el Cerro del Sombrero en Guanajuato
Hoy el Cerro del Sombrero forma parte del Área Natural Protegida Presa de la Purísima y mantiene un carácter poco intervenido. No existen servicios turísticos en el sitio, por lo que si visitar este lugar es importante llevar agua, comida, calzado adecuado y regresar con toda la basura.
La recompensa está al llegar a la cima: además de los petrograbados y las estructuras antiguas, se despliega una vista amplia y bellísima de la presa y del paisaje del Bajío, un escenario único que se puede disfrutar sin costo alguno, aunque su valor es incalculable.
En la parte superior se concentra la mayor cantidad de petrograbados. Las figuras fueron talladas directamente sobre rocas de riolita y muestran una gran variedad de formas geométricas: espirales sencillas y dobles, líneas onduladas, círculos, cuadrados punteados y otros patrones que se repiten en diferentes paneles. Varios investigadores consideran que estos grabados pudieron funcionar como marcadores solares o sistemas de conteo vinculados con observaciones del cielo.
Distribución de los petrograbados y restos ceremoniales en la cima del cerro
Los registros arqueológicos mencionan cerca de 25 grupos de petrograbados distribuidos en distintos puntos de la cima. Algunos se localizan hacia el sector norte y otros hacia el sur, aprovechando bloques de roca inclinados o superficies más amplias donde aparecen varios diseños juntos. En algunos casos las figuras se integran a fracturas naturales del material, lo que sugiere que quienes las realizaron tomaron en cuenta la forma original de la piedra.
Entre los paneles más llamativos hay superficies donde se concentran numerosas espirales talladas una junto a otra, además de motivos como los conocidos “xonecuillis”, cuadrados con cuentas punteadas y líneas que conectan distintas figuras. También se observan canaletas profundas labradas en ciertos bloques, lo que ha llevado a pensar que pudieron utilizarse para dirigir líquidos durante ceremonias antiguas.
El cerro no solo conserva grabados: en varias zonas se han identificado restos de construcciones prehispánicas que revelan la existencia de un asentamiento cívico-ceremonial. Entre la vegetación todavía se distinguen patios hundidos, plataformas y terrazas que se adaptan a la pendiente del terreno. Estos elementos muestran que el espacio estaba organizado en distintos sectores, aprovechando las superficies naturales del cerro.
Una de las áreas más claras del conjunto es la plaza principal, ubicada sobre una nivelación natural del terreno. Ahí aparecen estructuras bajas y montículos que delimitaban espacios abiertos, mientras que hacia el norte se levantan pequeños basamentos piramidales de poca altura. Hacia el sur el terreno cae abruptamente, creando una frontera natural que domina visualmente el entorno formado por los ríos Guanajuato y La Trinidad.