El Estado de México es famoso por muchas razones, una de ellas son sus destinos únicos cercanos a la CDMX. Uno poco conocido es Tenancingo, un pueblito lleno de tradición, paisajes y sabores que sorprende desde la primera visita. Entre mercados coloridos, vistas panorámicas y recetas que conservan el sabor casero, este municipio se ha convertido en una escapada ideal para salir de la rutina sin alejarse demasiado de la capital.
Ubicado a unas dos horas de la capital y a poco más de una hora de Toluca, Tenancingo combina esencia de pueblo, aire fresco y rincones con mucho encanto. Si buscas un plan de fin de semana con naturaleza, comida rica y compras locales, aquí hay varias razones para ir preparando el viaje.
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Cristo Rey, miradores y naturaleza entre montañas
Uno de los grandes símbolos de Tenancingo es su monumental Cristo Rey, ubicado en el Cerro de las Tres Marías. La escultura mide alrededor de 30 metros desde su base y se considera una de las más altas del país. Desde lo alto regala una vista amplia del Valle de Tenancingo y, en días despejados, incluso se alcanza a apreciar el Popocatépetl.
Llegar hasta arriba también forma parte de la experiencia, ya que el ascenso contempla más de mil escalones. Aunque el trayecto requiere energía, muchos visitantes lo disfrutan como reto personal y recompensa visual al final.
Para quienes prefieren planes al aire libre, en la zona también destacan sitios naturales como la Cascada de Acatzingo, ideal para refrescarse y pasar una tarde distinta, así como senderos en cerros cercanos donde se puede caminar entre vegetación y respirar aire limpio.
Otro punto interesante es el antiguo Convento del Desierto del Carmen, rodeado de bosque y tranquilidad. Este espacio histórico suele atraer a quienes buscan una experiencia más relajada entre arquitectura y naturaleza.
Flores económicas, artesanías y comida que vale el viaje
Tenancingo también es conocido por su producción floral. En sus mercados y viveros es común encontrar crisantemos, rosas, suculentas, plantas ornamentales, árboles frutales y macetas a precios accesibles. Muchos viajeros aprovechan para llevarse plantas desde 15 pesos, especialmente en temporadas de feria floral.
El talento artesanal se nota en sus piezas de barro. Ollas, cazuelas, jarros, platos, tazas y macetas forman parte de una tradición alfarera muy arraigada. Son objetos útiles, bonitos y perfectos para decorar la cocina o regalar algo hecho por manos locales.
Y claro, ningún paseo está completo sin comer bien. Uno de los imperdibles son los tacos de obispo, una especialidad regional preparada con carne sazonada estilo embutido, servida con salsa y acompañamientos tradicionales. También destaca el pan casero horneado en leña, famoso por su aroma y textura suave.
En comunidades cercanas como Tecomatlán es posible probar piezas elaboradas con ingredientes como anís, manteca, nuez y recetas heredadas por generaciones. Lo mejor: muchas piezas cuestan desde 10 pesos. Acompañarlas con café de olla o chocolate caliente convierte la parada en un pequeño lujo.
Tenancingo demuestra que no hace falta viajar lejos para descubrir lugares entrañables. Entre flores, pan recién hecho, vistas desde las alturas y tradiciones vivas, este rincón mexiquense invita a visitarlo con calma… y a volver más de una vez.