En el corazón de Roma lejos del ruido de las plazas abarrotadas y las interminables filas de turistas, existe un rincón que parece sacado de una novela secreta, en la remota Colina del Aventino una de las siete colinas históricas de la ciudad se encuentra una discreta puerta que guarda uno de los secretos visuales más fascinantes de Italia, hablamos de la famosa cerradura de la Orden de Malta
Si bien a simple vista no es gran cosa, se trata de una puerta elegante, silenciosa y casi escondida entre muros antiguos, pero basta con acercarse y mirar por el pequeño ojo de la cerradura para descubrir una escena absolutamente perfecta, pues al otro lado aparece, como si hubiese sido colocada cuidadosamente en un cuadro la cúpula de la Basílica de San Pedro.
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La experiencia tiene algo de un ritual secreto y quienes llegan hasta aquí suelen hacerlo en silencio y esperando su turno con una mezcla de curiosidad y emoción. La puerta pertenece a la Orden de los Caballeros de Malta, institución histórica cargada de simbolismo y misterio que es muestra de que Roma todavía sabe guardar secretos.
Vista hacia tres destinos
La famosa Cerradura del Aventino no sólo ofrece una vista espectacular, también esconde detalles sorprendentes que la han convertido en uno de los lugares más curiosos de Roma, permitiendo observar hacia tres territorios, uno, el de la soberana Orden de Malta considerada como una entidad con carácter independiente.
Un poco más allá, entre la vista llena de árboles en la vista aparece, Roma, capital de Italia, país que envuelve todos estos secretos con una precisión casi matemática, y dentro de esta postal también aparece la Basílica de San Pedro que pertenece a la antiquísima Ciudad del Vaticano.
Recomendaciones para disfrutar la cerradura de la Orden de Malta
Visitar este destino con vistas casi cinematográficas es una experiencia sencilla pero hay algunos consejos que pueden hacer esta visita y sus postales aún más especiales.
Lo primero es elegir bien el horario, pues muy temprano por la mañana o al caer la tarde suele haber menos personas, lo que permite disfrutar el lugar con calma y sin largas filas.
El paseo hacia el Aventino también forma parte del encanto gracias a que sus calles son tranquilas, elegantes y muy diferentes al ritmo acelerado del centro histórico de Roma.
Después de mirar por la cerradura vale muchísimo la pena visitar el cercano Jardín de los Naranjos, desde donde se obtiene otra de las vistas más bonitas de Roma, que es ideal para descansar unos minutos mientras se observa desde las alturas.