Mientras Guadalajara y Zapopan se preparan para recibir a miles de aficionados durante la Copa Mundial de 2026, una pequeña comunidad jalisciense se ha robado parte de los reflectores gracias a una impresionante obra que combina tradición, identidad y trabajo colectivo. Se trata de Etzatlán, un municipio ubicado a poco más de una hora de la capital del estado, cuyas artesanas son las responsables del espectacular cielo tejido que hoy decora el corazón de Zapopan.
Lo que para muchos visitantes es uno de los escenarios más fotogénicos para el Mundial, para las habitantes de Etzatlán representa años de tradición textil transmitida de generación en generación. Gracias a sus manos, miles de metros de hilo se transformaron en una instalación monumental que no solo celebra el futbol, sino también el talento artesanal mexicano.
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Etzatlán, el pueblo donde nació el famoso Cielo Tejido
Ubicado en la región Valles de Jalisco, Etzatlán es uno de esos destinos que suelen sorprender a quienes buscan experiencias diferentes cerca de Guadalajara. Rodeado de paisajes montañosos, campos agrícolas y construcciones históricas, este municipio se ha convertido en un referente nacional gracias al proyecto comunitario Cielo Tejido.
La iniciativa nació con el objetivo de embellecer espacios públicos mediante enormes pabellones elaborados a mano. Lo que comenzó como una intervención local terminó convirtiéndose en un fenómeno internacional que ha llevado el nombre de Etzatlán a distintos puntos de México y del extranjero.
Para el Mundial 2026, más de 250 mujeres artesanas participaron en la elaboración del cielo tejido instalado sobre el Andador 20 de Noviembre, en Zapopan. Entre enero y mayo confeccionaron cerca de 5 mil 600 hexágonos tejidos a mano que cubren aproximadamente mil 870 metros cuadrados.
La magnitud de la obra es impresionante. Se utilizaron alrededor de un millón 400 mil metros de hilo, equivalentes a más de mil 400 kilómetros, una distancia similar a recorrer varias veces el territorio jalisciense de extremo a extremo.
Cada pieza fue elaborada desde los hogares de las artesanas, quienes posteriormente entregaron los tejidos para ser ensamblados de forma manual en el taller del colectivo.
El paseo mundialista
El resultado puede admirarse actualmente en uno de los corredores más visitados de Zapopan. El cielo tejido conecta los Arcos de Zapopan con la Plaza de las Américas y la Basílica de Zapopan, creando una colorida bóveda que se ha convertido en una de las principales atracciones para turistas nacionales y extranjeros.
La instalación está inspirada en una gran serpiente que avanza a lo largo del andador y cambia de colores conforme recorre los distintos tramos. Las tonalidades y diseños representan a las selecciones que disputarán partidos en Guadalajara durante el Mundial: México, Corea del Sur, Chequia, Colombia, República Democrática del Congo, Uruguay y España.
Los detalles son parte de lo que hace especial la experiencia. El tramo dedicado a Colombia incorpora elementos inspirados en el sombrero vueltiao; el de México evoca la Piedra del Sol; España aparece representada mediante flores flamencas, mientras que Congo incluye referencias al emblemático árbol de baobab.
La obra también incorpora árboles monumentales revestidos con tejidos artesanales que simbolizan la conexión entre la tierra y el cielo. Conforme cambia la luz del día, las sombras generan nuevos efectos visuales, haciendo que el recorrido luzca diferente a cada hora.
Aunque miles de personas visitan Zapopan para fotografiarla, el verdadero origen de esta obra se encuentra en Etzatlán, un pequeño pueblo que ha demostrado que la tradición y la creatividad también pueden convertirse en protagonistas de un Mundial.