La historia de Miguel Hidalgo, el Padre de la Patria, es inseparable de Guanajuato, estado desde donde el cura llamó a los mexicanos a luchar por la independencia de su tierra. Entre el mito del personaje y la historia nacional, la bella ciudad donde nació el adalid pasa desapercibida: Pénjamo.
En esta región la larga tradición ganadera ha producido que ranchos y haciendas transformen la leche de cabra en deliciosos dulces mexicanos.
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Muchos viajeros llegan a Pénjamo para conocer el lugar donde nació Miguel Hidalgo y Costilla, pero terminan enamorados de los quesos artesanales, yogures elaborados con recetas locales y dulces tradicionales que marcan la vida cotidiana de sus habitantes.
Pénjamo, la ciudad de fuerte tradición lechera
El cura Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753 en el rancho de San Vicente de la antigua Hacienda de Corralejo, en lo que hoy es Pénjamo, al sur de Guanajuato. Años después iniciaría el movimiento de Independencia con su histórico Grito de Dolores, pero sus primeros años transcurrieron en esta tierra agrícola y ganadera.
El municipio, cuyo nombre proviene del purépecha y significa "lugar de sabinos", conserva buena parte de su legado colonial. Durante siglos fue una importante región de haciendas dedicadas a la agricultura y la ganadería.
Pénjamo destaca como una de las zonas con mayor producción de leche de cabra en Guanajuato. Gracias a ello, abundan los talleres y pequeñas empresas familiares que elaboran quesos frescos y madurados, yogures naturales y saborizados, helados, licores y distintos dulces regionales.
En Pénjamo también se elabora cajeta artesanal de tan alta calidad que rivaliza con la de Celaya, la cual tiene la Denominación de Origen.
En Pénjamo es posible encontrar versiones locales de cajeta elaboradas con leche de cabra que tienen un sabor irrepetible.
Quesos, yogures y dulces que hacen irresistible a Pénjamo
Uno de los mayores placeres del viaje consiste en recorrer los negocios dedicados a la transformación de la leche de cabra en quesos artesanales, yogures elaborados con ingredientes naturales, dulces de leche y cajetas: todo producido por pequeños fabricantes de la región.
Después de la experiencia gastronómica, vale la pena recorrer el Centro Histórico, donde sobresalen la Parroquia de San Francisco y el Templo de Nuestra Señora de los Remedios. Otro sitio imperdible es la Hacienda Corralejo, convertida en uno de los principales atractivos turísticos por ser el lugar de nacimiento de Miguel Hidalgo y por albergar una reconocida destilería.
A pocos kilómetros también se encuentra la Zona Arqueológica Plazuelas, uno de los conjuntos prehispánicos más importantes del Bajío, con plazas ceremoniales, basamentos y petrograbados que muestran el pasado de la región antes de la llegada de los españoles.
La gastronomía local completa la experiencia con especialidades como las viejitas, unas gorditas gruesas de maíz rellenas de distintos guisos; además de cecina, carnitas, tacos tradicionales y productos elaborados con maíz, frijol y chile.
Si eres de los viajeros que gustan de combinar el sabor de los platillos y productos locales con la emoción de la historia de cada región, Pénjamo te parecerá insuperable.