A poco más de tres horas por carretera desde la capital, Taxco se levanta entre montañas como una joya blanca suspendida en el tiempo. Con sus calles empedradas, fachadas inmaculadas y balcones rebosantes de buganvilias, este Pueblo Mágico de Guerrero no solo conquista por su arquitectura colonial y su tradición platera: también seduce por su cocina.
Para quienes buscan una escapada distinta desde la CDMX, donde el romance se mezcle con sabores intensos y recetas ancestrales, Taxco ofrece una experiencia culinaria que va más allá de lo convencional. Aquí, cada platillo tiene historia y cada mesa es un mirador.
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Los sabores de Taxco
Taxco es famoso por su herencia minera y su icónica Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, cuya silueta rosa domina el paisaje urbano. Pero mientras el visitante recorre sus cuestas y escalinatas, descubre que la identidad del pueblo también se cocina a fuego lento.
Uno de los platillos más representativos es el pozole estilo Guerrero, servido en versiones blanca o verde, con carne suave y granos de maíz que se deshacen en el paladar. A diferencia del pozole capitalino, aquí el sabor es más profundo y especiado, acompañado de tostadas crujientes y salsa picante hecha en molcajete.
Otro imperdible es el jumil, un pequeño insecto comestible típico de la región que se utiliza en salsas tradicionales. Su sabor intenso y ligeramente mentolado forma parte de la cultura gastronómica local desde tiempos prehispánicos. Probarlo es una experiencia sensorial y cultural que conecta con las raíces del estado.
También destacan los tamales nejos, elaborados con masa suave y envueltos en hoja de maíz, generalmente acompañados de mole rojo. Y hablando de moles, Taxco presume versiones complejas y aromáticas que combinan chiles secos, especias y chocolate, creando ese equilibrio perfecto entre dulzor y picante.
Para cerrar con algo dulce, los dulces de pepita y las nieves artesanales ofrecen el toque final ideal mientras se contempla el atardecer desde una terraza.
Experiencia culinaria de Taxco
Parte del encanto culinario de Taxco está en el entorno. Muchos restaurantes se ubican en antiguas casonas coloniales o terrazas con vista a los tejados rojizos y las montañas que rodean el valle. Comer aquí no es solo alimentarse: es quedarse un momento suspendido en el paisaje.
Una experiencia imperdible es cenar al caer la noche mientras la iluminación resalta las torres de Santa Prisca y el murmullo del pueblo se vuelve suave. Los menús suelen combinar cocina tradicional mexicana con propuestas contemporáneas, incorporando ingredientes locales como flor de calabaza, huitlacoche o quesos regionales.
Para quienes buscan algo más íntimo, algunos hoteles boutique ofrecen cenas privadas o degustaciones de mezcal guerrerense, maridadas con antojitos locales. El mezcal, con sus notas ahumadas y herbales, es el complemento perfecto para una velada especial.
Además, los mercados locales permiten descubrir el lado más auténtico de la gastronomía taxqueña. Entre puestos coloridos se pueden probar quesadillas hechas al momento, tacos dorados y salsas recién molidas que llenan el aire de aromas especiados.
La combinación de arquitectura colonial, montañas envolventes y sabores intensos convierte a Taxco en un destino ideal para quienes desean algo más que una escapada turística. Aquí, la experiencia culinaria se vive con todos los sentidos: se camina, se huele, se comparte y se saborea lentamente.