¿Qué sería de México sin esas historias que hablan de sirenas, duendes, chaneques, aluxes o nahuales? Ese universo de relatos sigue vivo en rincones donde la imaginación encuentra terreno fértil. Uno de ellos está en San Joaquín, Querétaro, dentro de la Sierra Gorda, en el llamado Bosque de los Duendes. Antes de contarte más sobre este místico lugar, te explicamos cómo llegar al Pueblo Mágico y al bosque desde la CDMX.
El trayecto desde la Ciudad de México requiere paciencia, pero el recorrido compensa cada kilómetro. Son alrededor de cuatro horas por la autopista 57D México–Querétaro, cubriendo unos 270 kilómetros. En el camino aparecen casetas como Tultepec, Jorobas, Tepeji y Palmillas, con un gasto total de 391 pesos.
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Al llegar a la altura de San Juan del Río, debes tomar la carretera federal 120, que se interna en la sierra y marca el inicio de un trayecto más sinuoso. Pasarás cerca de Tequisquiapan y otras comunidades pequeñas, mientras las curvas y la vegetación más densa anuncian que estás entrando a otro entorno. La subida exige atención, sobre todo por la altura y los giros constantes.
El acceso final hacia San Joaquín se realiza por la vía conocida como La Culata, conectando con calles como Francisco Zarco e Insurgentes que llevan directo al centro. Este último tramo concentra lo más retador del manejo, pero también algunas de las mejores vistas del recorrido.
¿Cómo llegar en transporte público al Bosque de los Duendes en San Joaquín?
Si decides viajar en transporte público, el recorrido también es viable, aunque implica algunos cambios. Primero debes tomar un autobús desde la CDMX hacia Santiago de Querétaro, con una duración de entre tres y cuatro horas. Desde la terminal salen unidades de líneas regionales que recorren cerca de 136 kilómetros hasta San Joaquín. Es un trayecto con muchas curvas, pero también con paisajes bellísimos.
Ya en el pueblo, llegar al bosque es cuestión de minutos. El sitio se encuentra dentro del parador turístico de las Grutas Los Herrera, a unos 2.3 kilómetros del centro. Basta con tomar Insurgentes, seguir por Francisco Zarco y continuar hacia la comunidad de Los Herrera. En menos de diez minutos estarás frente a un espacio mágico y, por si fuera poco, la entrada al bosque no tiene costo.
¿Qué hay en el Bosque de los Duendes de San Joaquín?
El Bosque de los Duendes no es grande, pero está lleno de detalles. Entre los árboles aparecen casitas, figuras escondidas y pequeños caminos que te abren un mundo de fantasía. Hay quienes recorren el lugar en silencio, otros dejan monedas o piden deseos. No hay reglas sobre cómo vivir la experiencia, más allá de avanzar con atención y dejar que el entorno haga lo suyo.
El origen del sitio se remonta a relatos que durante años circularon entre habitantes y comerciantes. Se hablaba de risas inexplicables, objetos fuera de lugar y huellas diminutas en el suelo. A partir de esas historias, María Dolores Bernal impulsó la creación de este espacio dedicado a los duendes, dando forma a un lugar que hoy atrae tanto a curiosos como a quienes crecieron escuchando estas leyendas.
¿Qué hay en las Grutas Los Herrera y cómo es su recorrido?
A pocos metros se encuentra la entrada a las Grutas Los Herrera, un contraste total con el exterior. Descubiertas en 1977, estas cavernas tienen más de 100 millones de años y se recorren descendiendo más de 200 escalones. En su interior hay seis salas con estalactitas y estalagmitas que han recibido nombres por sus formas caprichosas. El ambiente es frío, húmedo y silencioso, con una iluminación que resalta cada formación.
El recorrido guiado dura alrededor de 40 minutos y permite adentrarse unos 30 metros bajo tierra. Afuera, el parador tiene otras actividades: un puente colgante, zonas para caminar y espacios para descansar. La entrada a la gruta es de 50 pesos y abre de jueves a domingo, de 10 de la mañana a 5 de la tarde.
Es importante que puedas llevar calzado antiderrapante y algo ligero para el frío. Y mientras avanzas entre árboles o desciendes a la cueva, queda la sensación de que, en este rincón de Querétaro, las historias fantásticas todavía encuentran dónde hacer hogar.