El Árbol de la Vida de Metepec acaba de recibir un reconocimiento que puede cambiar el futuro de esta artesanía mexiquense. El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial otorgó la Declaratoria de Indicación Geográfica Protegida a estas famosas esculturas de barro, lo que significa que únicamente las piezas elaboradas en Metepec y bajo sus técnicas tradicionales podrán llevar oficialmente ese nombre.
Si tienes en casa alguna de estas hermosas artesanías o quieres adquirir una, debes saber que la medida busca frenar las imitaciones que desde hace años aprovechan la popularidad de estas obras sin respetar su origen ni el trabajo artesanal detrás de ellas.
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El anuncio se realizó en el Palacio de Gobierno del Estado de México, en un evento encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y autoridades del IMPI. Durante la ceremonia se hizo mucho énfasis en que cada árbol representa más que una figura decorativa: detrás hay meses de trabajo manual, conocimientos heredados entre generaciones y el sustento económico de numerosas familias que han dedicado su vida al barro.
¿Qué significa la Indicación Geográfica Protegida del Árbol de la Vida?
La Indicación Geográfica Protegida funciona como un sello de autenticidad para productos vinculados directamente con su lugar de origen. En este caso, impide que talleres ajenos a Metepec utilicen el prestigio del Árbol de la Vida para comercializar piezas hechas fuera de la región o sin respetar los procesos tradicionales.
Además, las autoridades adelantaron que esta artesanía tendrá presencia en la promoción turística rumbo a la Copa Mundial de Fútbol de 2026, por lo que miles de visitantes extranjeros podrían conocer estas obras muy pronto.
¿Cómo se elaboran los Árboles de la Vida de Metepec?
La historia de estas esculturas nos muestra sus raíces prehispánicas y elementos religiosos que llegaron durante la colonia. Mucho antes de la llegada de los españoles, distintos pueblos del centro de México ya dominaban el trabajo con arcilla.
Más tarde, los frailes comenzaron a utilizar estas figuras para representar escenas bíblicas, especialmente pasajes relacionados con el Génesis. Así aparecieron diseños con Dios en la parte superior, Adán y Eva bajo el árbol, serpientes, flores y animales rodeando toda la composición.
Con el paso de los años, cada familia artesana fue transformando esos modelos iniciales hasta crear estilos propios llenos de color y detalles únicos. Por eso prácticamente no existen dos árboles iguales. Algunas piezas conservan referencias religiosas, mientras que otras incorporan escenas cotidianas, elementos de la naturaleza o símbolos ligados a la cultura popular mexiquense.
El proceso comienza con la extracción del barro de la región, seguido por el moldeado manual de cada rama, flor, hoja y personaje. Después vienen el secado y la cocción en horno antes de entrar a una de las etapas más tardadas: la pintura. Los colores intensos y los detalles minúsculos pueden requerir semanas enteras de trabajo en piezas pequeñas y hasta más de un año en las monumentales.
¿Qué lugares visitar en Metepec para conocer esta tradición?
Metepec alberga el Árbol de la Vida más grande del mundo. La obra fue creada por el artesano Claro Juan Carlos Nonato Díaz, pesa alrededor de 11 toneladas, supera los nueve metros de altura y obtuvo un Récord Guinness. Verlo de cerca ayuda a dimensionar el nivel de complejidad que puede alcanzar esta tradición alfarera, especialmente cuando cada figura y adorno se trabaja completamente a mano.
Caminar por Metepec también es ver cómo el barro forma parte de la vida cotidiana del municipio. Hay talleres familiares, fachadas decoradas, galerías y mercados llenos de figuras policromadas. Uno de los sitios más visitados es el Mercado Artesanal, donde se venden desde pequeños recuerdos hasta enormes esculturas que pueden tardar meses en completarse. En muchos talleres incluso dejan observar parte del proceso de pintura y modelado.
Muy cerca se encuentran la Plaza Juárez, el quiosco tradicional y la escultura de la Tlanchana, personaje ligado a antiguas leyendas de la región. También vale la pena subir al Cerro de los Magueyes para llegar a la Capilla del Calvario y contemplar la vista del valle de Toluca.
Y si después del recorrido tienes hambre, en el centro abundan los lugares para probar barbacoa, tamales, sopa de hongos, chorizo verde y hasta la famosa garañona. Con el Tren Interurbano El Insurgente, llegar desde la Ciudad de México ahora resulta mucho más sencillo, así que el nuevo reconocimiento al Árbol de la Vida también puede convertirse en una buena excusa para redescubrir Metepec.