A menos de una hora de Cuernavaca, Xochitepec guarda una de las historias gastronómicas más curiosas del estado: un pozole negro inspirado en un meteorito real. Sí, en este Pueblo Mágico no solo encuentras clima cálido y comida tradicional, también un platillo que mezcla maíz criollo, ceniza y una leyenda local que terminó convirtiéndose en símbolo del lugar.
Aunque muchas personas llegan aquí por sus balnearios, jardines y haciendas, poco a poco Xochitepec también se ha ganado un lugar entre los destinos favoritos para quienes disfrutan descubrir sabores distintos. El famoso pozole negro se ha vuelto una parada obligatoria para viajeros que buscan algo más que el clásico pozole rojo o blanco.
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Además, la cercanía con la CDMX lo convierte en una escapada cómoda para un fin de semana relajado entre comida típica, historia y rincones culturales poco conocidos de Morelos.
El pozole negro, la espacialidad de Xochitepec
El origen de este platillo se remonta a la Feria del Pozole de 2018, cuando la cocinera tradicional María Isabel Gómez Rueda presentó una receta inspirada en un meteorito hallado en la región hace siglos. La idea surgió como homenaje a “La Piedra Parada”, un meteorito encontrado por campesinos de la zona cerca del área arqueológica de Zazacatla.
Con el paso del tiempo, aquella enorme roca se convirtió en parte de la identidad de Xochitepec y hoy puede visitarse en el Museo del Campesino Dr. Emérito González Orduña, dentro del Centro Cultural Xochitepequense.
El pozole negro destaca por su color oscuro y sabor ahumado. A diferencia de otros estilos tradicionales, aquí se utiliza ceniza de maíz azul criollo y hoja de totomoxtle, ingredientes originarios de la región que transforman completamente el caldo. La receta también incorpora una albóndiga especial preparada con huitlacoche, chipotle y hoja santa, diseñada para representar simbólicamente el meteorito.
El resultado es un platillo intenso, ligeramente terroso y muy distinto a cualquier otro pozole del país. Su popularidad creció rápidamente y hoy incluso ha sido presentado en muestras gastronómicas fuera de México, incluyendo eventos en España, Colombia y Brasil.
Pero Xochitepec no vive únicamente del pozole negro. El pueblo también destaca por su herencia histórica y su ambiente lleno de vegetación. Su nombre proviene del náhuatl y significa “Cerro de las Flores”, algo que todavía se percibe en sus jardines, calles y zonas naturales.
Muy cerca se encuentran sitios históricos como la iglesia de San Juan Evangelista, construida durante el siglo XVI, además de antiguas haciendas relacionadas con la producción azucarera de Morelos. También es común encontrar mercados y cocinas tradicionales donde sirven cecina, itacates, tamales nejos y distintos tipos de mole.
Para quienes quieren complementar la visita, Xochitepec está además muy cerca de Zona Arqueológica de Xochicalco, uno de los sitios arqueológicos más importantes del centro del país.
El ambiente del pueblo cambia especialmente durante las ferias gastronómicas, cuando cocineras tradicionales, artesanos y productores locales llenan el centro con antojitos, música y actividades culturales.
Y aunque el pozole negro nació hace pocos años, rápidamente se convirtió en uno de los platillos más representativos del estado, demostrando que la cocina mexicana todavía sigue creando nuevas historias alrededor de ingredientes ancestrales.