Si este verano quieres escapar del calor de la ciudad y descubrir un destino donde la naturaleza también se disfruta a través de la comida, el Pueblo Mágico de Xico, en Veracruz, merece un lugar en tu lista. Rodeado de bosques, montañas, cafetales y cascadas, este rincón veracruzano también conquista a los viajeros con los tradicionales frijoles con xonequi, un platillo preparado con un quelite silvestre que solo forma parte de la cocina de esta región y que se ha convertido en uno de sus sabores más representativos.
Ubicado en las faldas del Cofre de Perote, Xico combina historia, cultura y biodiversidad. Sus calles, plazas y edificios históricos son el punto de partida para descubrir bosques de niebla, ríos, cascadas y senderos que convierten cualquier escapada en una experiencia para quienes buscan desconectarse del ritmo de la ciudad.
Xico, el Pueblo Mágico donde los frijoles con xonequi son una tradición única
Xico forma parte del programa Pueblos Mágicos desde 2011 y conserva un legado que se remonta a la época prehispánica. Su nombre proviene del náhuatl Xico-chimal-co, cuya interpretación hace referencia a los panales o abejas de la región, según la Universidad Veracruzana y la Secretaría de Turismo.
Además de su riqueza histórica, el pueblo es reconocido por su cocina tradicional. Entre los platillos más famosos destacan el mole xiqueño, los tamales canarios, el pan de huevo, las enchiladas de nata y los toritos, pero hay una preparación que suele despertar la curiosidad de los visitantes: los frijoles con xonequi.
El xonequi es un quelite silvestre (Ipomoea dumosa) que crece entre la vegetación húmeda de Xico y municipios cercanos como Coatepec, Naolinco y Teocelo. Sus hojas aportan un aroma característico al caldo de frijoles y sustituyen a otras hierbas aromáticas como el epazote.
La receta tradicional incluye frijoles negros cocidos lentamente, hojas frescas de xonequi y pequeñas bolitas de masa, conocidas en la región como "orejitas", elaboradas con masa y manteca o aceite. El resultado es un platillo sencillo, pero lleno de identidad local.
De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), los quelites forman parte de la alimentación tradicional mexicana gracias a su aporte de vitaminas, minerales, antioxidantes y ácidos grasos esenciales como omega 3 y omega 6.
Xico, un destino para conectar con la naturaleza
Más allá de su gastronomía, Xico también invita a descubrir algunos de los paisajes más representativos del centro de Veracruz.
Uno de los lugares imperdibles es la Cascada de Texolo, considerada una de las más famosas del estado. Rodeada por el bosque mesófilo de montaña, ofrece miradores desde donde puede apreciarse la caída de agua y la vegetación que caracteriza esta región.
Los amantes del senderismo también encuentran rutas entre cafetales y áreas boscosas donde es posible observar aves, respirar aire fresco y conocer parte del ecosistema del bosque de niebla, uno de los más biodiversos y amenazados de México.
Dentro del pueblo también vale la pena visitar la Parroquia de Santa María Magdalena, cuyo museo resguarda cientos de vestidos donados a la patrona local, además del Museo del Danzante Xiqueño, el Museo Arqueológico de Xicochimalco y diversos talleres artesanales donde se elaboran máscaras de madera y piezas con hojas de totomoxtle.
Quienes visitan Xico también suelen aprovechar para recorrer fincas cafetaleras cercanas, donde es posible conocer el proceso de producción del café veracruzano y degustar variedades cultivadas en las montañas de la región.
Las opiniones recientes de viajeros en plataformas como Google Maps y Tripadvisor coinciden en destacar la combinación entre naturaleza, gastronomía y hospitalidad. Muchos recomiendan probar la cocina tradicional en fondas familiares, visitar la Cascada de Texolo durante la temporada de lluvias por su mayor caudal y dedicar tiempo a recorrer los alrededores, donde abundan senderos, miradores naturales y paisajes cubiertos de vegetación.
A poco menos de una hora de Xalapa, Xico demuestra que una escapada puede reunir buena comida, historia y escenarios naturales en un solo destino. Entre el aroma del café recién tostado, el sabor inconfundible de los frijoles con xonequi y los paisajes verdes que rodean al pueblo, este rincón veracruzano ofrece una experiencia que invita a regresar.