El próximo viernes 28 de agosto de 2026, México celebra el Día del Abuelo, una fecha instaurada desde hace más de cuatro décadas para reconocer el cariño, la experiencia y el papel que juegan los adultos mayores dentro de las familias.
Aunque una comida en casa siempre es una buena forma de festejarlos, este año se puede ir un poco más allá con una escapada de un día que combine aire libre, buena comida y un ritmo tranquilo.
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No hace falta un plan complicado ni actividades extenuantes: cerca de la Ciudad de México hay pueblos con calles empedradas planas, plazas para sentarse a platicar y paisajes que se disfrutan mejor sin prisa. Ese tipo de destinos son justo los que mejor funcionan cuando el plan incluye a los abuelos.
Pueblos con ritmo lento para consentir a los abuelos
Tepotzotlán, en el Estado de México, es de los más accesibles: su centro histórico es completamente caminable y plano, con la fachada churrigueresca del Ex Convento de San Francisco Javier como principal atractivo. El Museo Nacional del Virreinato, dentro del mismo convento, tiene pasillos amplios y patios frescos ideales para un recorrido sin apuros, con salas que se pueden visitar sentándose a descansar entre una y otra sin perder el hilo del recorrido.
Después se puede rematar la visita con un café o un pan de pulque en algún local de la plaza principal, o simplemente sentarse un rato bajo los árboles del jardín a ver pasar a los vendedores de artesanías.
Ixtapan de la Sal, a poco más de dos horas de la CDMX, es otra gran opción, especialmente por sus aguas termales. Los balnearios de la zona ofrecen albercas de agua caliente ideales para relajar el cuerpo, muchas de ellas con áreas de hidromasaje y camastros a la sombra para pasar la tarde sin prisa.
El pueblo en sí tiene un centro pequeño y tranquilo, con un jardín principal ideal para una caminata corta antes o después de un baño relajante, además de opciones de spa y masajes pensadas justamente para consentir a quienes buscan descanso más que actividad física intensa.
Valle de Bravo combina paisaje de montaña con un centro colonial que se recorre sin dificultad: su malecón junto al lago permite caminar a la orilla del agua con vista panorámica, observar los veleros que cruzan el lago y sentarse en alguna de las bancas frente al muelle.
Las calles empedradas del centro están llenas de terrazas donde parar a comer algo típico, como los famosos pambazos de la región, y el mercado municipal es una buena opción para un recorrido tranquilo entre puestos de dulces, quesos y pan artesanal.
Malinalco, por su parte, ofrece la opción de subir en teleférico hasta el mirador de la zona arqueológica, evitando así la larga escalinata que exige la subida tradicional, con vistas al valle que se disfrutan sin necesidad de hacer ningún esfuerzo físico.
El centro del pueblo, con su exconvento agustino y mercado de artesanías, se recorre con calma en un par de horas, ideal para curiosear entre puestos de textiles y probar algún antojito típico sentados en una de las bancas de la plaza principal.
En cualquiera de estos destinos, lo importante es ajustar el ritmo: salir temprano para evitar el calor de la tarde, llevar agua y algún snack, y programar pausas frecuentes para sentarse, platicar y disfrutar el paisaje sin prisa. Al final, el mejor regalo del Día del Abuelo no es el destino en sí, sino el tiempo compartido caminando despacio junto a ellos.