Si hay una experiencia que define el viaje a España es salir de tapas, y pocas calles representan mejor esa costumbre que la calle San Nicolás, ubicada en el Casco Antiguo de Pamplona, Navarra.
Aunque popularmente es señalada como “la calle con más bares del mundo”, lo cierto —y verificable— es que se trata de una de las vías con mayor concentración de bares y tabernas por metro cuadrado en España, reconocida por organismos de turismo y guías especializadas como uno de los corredores gastronómicos más activos del norte del país.
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San Nicolás no es una calle larga ni ostentosa, pero en pocos metros reúne bares históricos, tabernas modernas y locales especializados en pinchos que forman parte esencial de la identidad pamplonesa. Aquí, comer y convivir no es un acto rápido, sino un ritual social que se vive de bar en bar.
Calle San Nicolás: pinchos y vida nocturna
La historia de la calle San Nicolás está ligada al origen medieval de Pamplona. Su nombre proviene de la Iglesia de San Nicolás, un templo-fortaleza del siglo XII construido para proteger a los comerciantes del antiguo burgo. Desde entonces, la zona ha sido punto de encuentro para viajeros, mercaderes y, con el paso de los siglos, para locales que encontraron en la comida y la bebida una forma de identidad.
En el plano gastronómico, San Nicolás es famosa por sus pinchos, pequeñas creaciones culinarias que van mucho más allá de la tapa tradicional. Aquí se pueden probar desde clásicos como tortilla de patatas, croquetas y jamón ibérico, hasta pinchos elaborados con foie, bacalao, hongos, mariscos y productos de temporada. Muchos bares compiten año con año en certámenes regionales de pinchos, lo que eleva la calidad de la oferta.
Además de comer, qué hacer en la calle San Nicolás incluye simplemente caminar, observar y dejarse llevar por el ambiente. La costumbre es entrar a un bar, pedir un pincho y una bebida —vino, cerveza o txakoli— y continuar al siguiente local. Esta dinámica convierte a la calle en un espacio vivo desde el mediodía hasta altas horas de la noche, especialmente los fines de semana.
Durante las fiestas de San Fermín, San Nicolás se transforma en uno de los puntos más concurridos de Pamplona. Miles de personas recorren sus bares antes y después de los encierros, consolidando su fama como corazón social de la ciudad.
Entre los datos que la hacen especial destaca su ubicación estratégica: conecta con otras calles emblemáticas del tapeo pamplonés como Estafeta y San Antón, lo que amplía la experiencia gastronómica sin necesidad de transporte. Además, su oferta es accesible, con precios pensados para el consumo frecuente y no exclusivo.
San Nicolás no busca récords oficiales para brillar. Su prestigio se sostiene en algo más sólido: siglos de historia, una cultura gastronómica viva y una concentración de bares que convierte cada visita en una experiencia colectiva. Para quien viaja a España y quiere entender cómo se come, se bebe y se convive, esta calle es una parada obligada.