Un día como hoy, hace 78 años, el 17 de febrero de 1948 nació en la Ciudad de México José Rómulo Sosa Ortiz, el niño que décadas después sería conocido como el Príncipe de la Canción: José José. Su historia comenzó en una colonia del norte de la capital rodeado de música y casonas antiguas.
Ese punto de partida fue Clavería, en la alcaldía Azcapotzalco. La colonia se levantó a inicios del siglo XX sobre terrenos de la antigua Hacienda de San Antonio Clavería y pronto se volvió una zona residencial. Sus grandes avenidas y su trazo ordenado todavía reflejan esa etapa de planeación urbana que contrastaba con el centro de la ciudad.
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Uno de los rasgos más curiosos de la colonia que vio al Príncipe de la Canción llegar al mundo está en los nombres de sus calles: Heliópolis, Nilo, Salónica, entre otras referencias a Egipto y Asia Occidental. Esa nomenclatura convive con avenidas numeradas que llevan el prefijo “Norte”, resultado de distintos fraccionamientos. El mapa del barrio no es uniforme, pero justamente ahí radica su personalidad.
Sobre la Avenida Azcapotzalco sobreviven chalets y casonas de estilo victoriano, afrancesado, Art Decó y colonial californiano. Algunas fueron construidas por trabajadores ingleses vinculados a la antigua refinería, otras por familias acomodadas que buscaban un sitio de descanso fuera del bullicio central. Las fachadas aún tienen detalles que remiten a la época porfiriana y a los primeros años del siglo pasado.
De Clavería al mundo: los primeros pasos del Príncipe de la Canción
En ese entorno creció el hijo de la pianista Margarita Ortiz y el tenor de la Ópera Nacional de México José Sosa Esquivel. En su mundo la música no era un pasatiempo, era parte de la vida, un lenguaje para comprender el mundo. Fue entre ensayos, festivales escolares y coros, que el joven José Rómulo absorbía influencias que más tarde definirían su estilo. La adolescencia, sin embargo, también trajo responsabilidades tempranas que lo obligaron a trabajar y a tomarse el canto con absoluta seriedad.
En los años sesenta recorría las calles de Clavería con la guitarra al hombro para dar serenatas, mientras intentaba cumplir con estudios de Mecánica de Aviación. Cantó en cafés como Le Plein Soleil y el Ipanema, escuchó con atención a Frank Sinatra y Johnny Mathis, y buscó una identidad propia. Mucho antes de llegar al Madison Square Garden o al Auditorio Nacional, afinó su voz en espacios pequeños y públicos exigentes.
A lo largo de más de cinco décadas, José José construyó una carrera que superó los 100 millones de discos vendidos y lo colocó como una de las voces más influyentes de la música en español. Su interpretación de “El triste” en 1970 marcó un antes y un después, y a partir de ahí llegaron álbumes como Secretos y canciones que todavía suenan en México y en todo el mundo. Su estilo era intenso, vulnerable y elegante; cantaba al amor y al desamor con una honestidad que hacía que cualquiera sintiera que esa letra hablaba de su propia historia.
Clavería: homenaje y vida del barrio
Hoy, uno de los sitios más visitados de Clavería es el Parque de la China. Ahí se levanta una estatua en su honor y varios andadores llevan nombres de sus canciones. Vecinos y admiradores se detienen para tomarse fotografías y escuchar sus temas desde un teléfono portátil.
La vida comercial también forma parte de la identidad de Clavería. La Avenida Clavería es hogar de muchos cafés, negocios tradicionales y el mercado que cada jueves reúne a los vecinos. En la calle Egipto abrió en 2013 Patio Clavería, y en esta colonia nació la primera sucursal de La Casa de Toño, que con el tiempo se convirtió en referencia gastronómica para muchos capitalinos.