Seguro has notado que el clima anda extraño últimamente, y no es tu imaginación. “El Niño” es un fenómeno que provoca un calentamiento inusual de las aguas del Pacífico ecuatorial, parte del ciclo llamado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Cuando esto ocurre, se altera la circulación atmosférica y los sistemas de viento y lluvia se desajustan, causando cambios que se sienten mucho más allá del océano.
El ENOS tiene tres fases: El Niño, con el calentamiento del Pacífico; La Niña, con enfriamiento; y la fase neutral, cuando ninguna domina. La fase cálida puede durar entre 9 y 18 meses y modifica los patrones de huracanes: aumenta su número en el Pacífico y disminuye en el Atlántico, dejando a las regiones costeras con escenarios muy distintos a los habituales.
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México viene de una fase neutral tras un periodo de La Niña, pero las mediciones muestran que el calor comienza a acumularse bajo la superficie del océano. Según el Servicio Meteorológico Nacional, la probabilidad de que El Niño llegue entre junio y agosto de 2026 es de cerca del 62 %, y podría superar el 80 %, lo que significa cambios considerables en lluvias y temperaturas.
Efectos esperados en el sur de México y la actividad ciclónica
En el sur del país, estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas suelen recibir los primeros efectos. Se esperan lluvias más intensas y huracanes más fuertes en el Pacífico, mientras que la actividad ciclónica en el Atlántico podría disminuir. Esto no elimina riesgos en otras zonas, pero sí concentra la vigilancia en la costa occidental y sus poblaciones.
El impacto también llega al centro y norte de México, donde las temperaturas podrían subir de manera significativa. El Estado de México, por ejemplo, podría enfrentar olas de calor que superen entre 4 y 6 grados los promedios históricos. Ciudades como Toluca o Valle de Bravo podrían registrar máximos históricos, afectando la vida cotidiana, la agricultura y la disponibilidad de agua.
El fenómeno no solo altera lluvias y calor. Las sequías en el norte y las lluvias intensas en el sur afectan la producción agrícola y la pesca, generando impactos en precios y abastecimiento. Los embalses mantienen cierto equilibrio, pero la advertencia está puesta sobre todo en el uso racional del agua, que será fundamental para afrontar los meses venideros.
Cómo se forma El Niño y su influencia en todo México
El origen de El Niño se relaciona con el debilitamiento de los vientos alisios, que permite que aguas cálidas del Pacífico occidental se desplacen hacia América del Sur. Este movimiento altera la presión atmosférica y la distribución de vientos, modificando tanto la intensidad de lluvias como la temperatura de distintas regiones, y a veces creando contrastes extremos en muy poco tiempo.
La temporada de huracanes también se verá afectada. Con El Niño, los ciclones en el Pacífico tienden a ser más intensos, mientras que en el Atlántico la actividad disminuye. Las autoridades ya están en alerta y recomiendan seguir de cerca los reportes oficiales, preparar medidas de protección y no subestimar los cambios que puedan llegar de manera repentina.
Aunque todavía hay incertidumbre sobre la magnitud del fenómeno en 2026, el monitoreo constante permite anticipar periodos de calor extremo, lluvias fuertes y posibles huracanes. Es muy importante que puedas mantenerte informado y prestar atención a las indicaciones del Servicio Meteorológico Nacional, ya que esa será la mejor forma de adaptarte a estas variaciones.