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¿Qué es la “primavera ultravioleta”? El fenómeno que podría cambiar el clima tras una guerra nuclear

Bajo estas condiciones, no sólo se trataría de sobrevivir, sino de enfrentar un planeta hostil y mucho más difícil de habitar

Cambio climático.Rayos ultravioletaCréditos: Freepik/ArtPhoto_studio/ilustración
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Cuando se habla de una guerra nuclear lo primero que viene a la mente son explosiones gigantes y destrucción inmediata, pero la ciencia deja claro que el verdadero problema vendría después, en caso de que varias bombas atómicas se detonarán en distintos puntos del planeta, el impacto no sólo sería instantáneo, sino también prolongado y global

Tras las explosiones, enormes cantidades de humo, ceniza y polvo subirían a la atmósfera bloqueando la luz solar y provocando un enfriamiento global conocido como invierno nuclear, sin embargo, otro aspecto demasiado inquietante llegaría después, es la llamada primavera ultravioleta.

Este fenómeno ocurriría cuando el humo comienza a disiparse parcialmente y aunque la luz del sol volvería a alcanzar la superficie, lo haría en condiciones muy distintas, pues la capa de ozono, encargada de protegernos de la radiación, quedaría gravemente dañada por los compuestos generados en las explosiones y el resultado sería una radiación ultravioleta mucho más intensa y altamente dañina para los seres vivos.

Podemos señalar que nuestro planeta pasaría de estar oscurecido a quedar expuesto a una especie de luz solar tóxica, lo que aumentaría los casos de cáncer en la piel, dañaría los ojos y afectaría directamente a plantas y cultivos. Es decir, que la primavera ultravioleta no sería un alivio tras el caos inicial, sino otra fase crítica de un mundo iluminado pero mucho más hostil para la vida.

Capa de ozono/unsplash/Wolfgang Hasselmann/ilustración

¿Podrían ‘salvarse’ algunos lugares?

En un escenario así la idea de zonas seguras es bastante relativa, pues la radiación ultravioleta elevada afectaría prácticamente todo el planeta aunque no de manera uniforme. La información señala que las regiones más cercanas a los polos podrían experimentar efectos menos intensos, esto se debe a que la radiación solar llega con menor ángulo y menor intensidad en estas latitudes.

También se cree que algunas zonas del hemisferio sur, especialmente alejadas de los principales objetivos militares podrían verse menos afectadas inicialmente en sitios de Sudáfrica, Nueva Zelanda o el sur de África. Otro posible refugio serían ambientes cerrados o subterráneos en búnkeres, minas o instalaciones preparadas.

Otros efectos de una guerra nuclear 

Más allá del clima, una guerra nuclear desencadenaría una crisis sanitaria y ambiental sin precedentes. Con hospitales destruidos, agua contaminada y sistemas de saneamiento colapsados, las enfermedades se propagarían rápidamente. Males como la salmonela, disentería o tifoidea encontrarían condiciones ideales para expandirse, además de que la acumulación de residuos y la falta de higiene podrían provocar brotes de malaria, dengue o encefalitis. 

A esto podemos sumar la proliferación de insectos que actuarían como factores de propagación de enfermedades al alimentarse de restos orgánicos y cadáveres. Otro fenómeno documentado es la llamada lluvia negra, que tras las explosiones de Hiroshima, ahí se identificó que las cenizas y partículas radiactivas fueron arrastradas hacia las nubes por incendios masivos y después regresaron a la superficie en forma de gotas oscuras, densas y contaminadas con una textura similar al alquitrán. 

Podemos señalar que en conjunto y después de una guerra de estas condiciones, no sólo se trataría de sobrevivir a una cruel explosión, sino también de enfrentar un planeta transformado, en uno más oscuro, más hostil y mucho más difícil para vivir.