¿Te imaginas terminar la jornada y volver a casa dejándote llevar por la corriente de un río? En Berna, Suiza, esta escena se repite cada verano. Cuando suben las temperaturas, algunos habitantes cambian el tranvía o la bicicleta por un recorrido flotando sobre el río Aar.
Aunque en redes sociales suele decirse que "los suizos van al trabajo nadando", la realidad es diferente. La mayoría utiliza los medios de transporte habituales para ir a la oficina y reserva el río para el regreso a casa o para su tiempo libre. Para muchos residentes, dejarse llevar por la corriente es una forma de refrescarse, relajarse y cerrar el día de una manera poco común.
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Antes de entrar al agua, guardan la ropa, los zapatos, el teléfono, la cartera y otros objetos personales dentro de las conocidas Aare Bag, bolsas impermeables diseñadas para mantener las pertenencias completamente secas. Además de proteger todo lo que llevan, estas bolsas también ayudan a flotar durante el recorrido.
¿Por qué un río de Suiza se convirtió en una ruta para volver a casa?
La estrella natural detrás de esta costumbre es el río Aar, que nace en los Alpes berneses y recorre cerca de 295 kilómetros antes de desembocar en el Rin. La transparencia de sus aguas y el cuidado ambiental que caracteriza a Suiza hacen posible que miles de personas disfruten del río durante el verano, siempre en los sitios habilitados para ello.
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Eso no significa que cualquiera pueda lanzarse al agua sin preparación. El Aar tiene una corriente fuerte y existen zonas donde nadar resulta peligroso. Por esa razón, las autoridades recomiendan que solo participen personas con experiencia en natación y que conozcan bien el recorrido. También instalaron barras metálicas y puntos de salida para facilitar el regreso a tierra, además de prohibir ingresar al río después de consumir alcohol.
¿Qué lugares puedes visitar en esta ciudad suiza después de nadar por el río?
Además de esta peculiar forma de desplazarse, Berna tiene uno de los centros históricos medievales mejor preservados de Europa. Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es perfecto para caminar entre calles porticadas, edificios centenarios y monumentos imponentes.
Entre los lugares más visitados está la Torre del Reloj o Zytglogge, uno de los símbolos de la ciudad. Muy cerca se encuentra el Jardín de las Rosas, un parque ubicado en una colina que propone una vista panorámica del casco histórico y del Aar. El barrio de Marzili, por su parte, es uno de los puntos preferidos para entrar al agua o descansar junto al río cuando el clima lo permite.
Berna también tiene una importante oferta cultural. Sus museos albergan obras de artistas como Vincent van Gogh, mientras que quienes disfrutan de la historia de la ciencia pueden visitar la casa donde vivió Albert Einstein durante los años en que desarrolló parte de sus investigaciones más influyentes.
Basilea también tiene una tradición de volver a casa flotando por el río
Esta costumbre no es exclusiva de Berna. En Basilea, ciudad situada junto al río Rin y muy cerca de las fronteras con Alemania y Francia, también es habitual ver a personas flotando con sus pertenencias protegidas en bolsas impermeables. Al igual que en Berna, la mayoría lo hace para relajarse al terminar el día o disfrutar del verano, más que como un medio de transporte cotidiano.
Ver a personas regresar a casa siguiendo el curso de un río parece una escena de ficción, pero en Suiza forma parte de la vida diaria durante los meses de calor. Es una práctica que refleja la estrecha relación entre sus ciudades y los espacios naturales, siempre bajo normas de seguridad y con el respeto por un entorno que ha permitido conservar la limpieza de sus ríos durante generaciones.