El mundo de la escalada deportiva está en ascenso. Impulsado por el surgimiento exponencial de gimnasios especializados y las comunidades que se forman en ellos, nuevas generaciones de deportistas están encontrando en los muros de escalar el sitio perfecto para poner a prueba su fuerza física y destreza mental. Y esta semana, uno de ellos, está representando a México en una de las competencias de mayor prominencia en el mundo de la escalada juvenil.
Ubicada en la región italiana de Trentino-Alto Adige, en la frontera con Suiza y Austria, la ciudad de Arco es la sede del Campeonato Mundial de Escalada Juvenil que, desde el 18 de julio y hasta el 25, ha reunido a más de 750 competidores, provenientes de 68 países, en uno de los eventos más importantes en el calendario anual de este deporte. Aquí es en donde Emilio Sordo, un joven mexicano de 14 años, busca un lugar entre los escaladores más determinantes para el futuro de su disciplina.
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Con más de ocho años de práctica en los muros –desde que a la edad de seis descubriera su talento “trepando” una palmera durante un viaje familiar a Malinalco–, Emilio llega a la competencia mundial con el sueño de sumar un logro más a una trayectoria que ya cuenta victorias en certámenes nacionales e internacionales.
“Lo más importante es la constancia en el entrenamiento porque, aunque ahora puedas competir contra los mejores, el riesgo de quedarte atrás siempre está latente”, explica el joven a Escapada H durante una sesión de entrenamiento, convencido de que cada movimiento y nuevo ascenso es una oportunidad renovada para mantener el rumbo hacia sus objetivos.
Ganador del primer lugar en la Olimpiada Conade 2026 y con un lugar entre los primeros 20 de una competencia nacional estadounidense, el adolescente mexicano no sólo ve en este certamen la oportunidad de “medirse” contra otros escaladores en la categoría U17 (para menores de 17 años), sino de dar un paso más en el camino para algún día participar en los Juegos Olímpicos que, desde Tokio 2020 –celebrados en 2021, debido a la pandemia– son parte del evento deportivo más importante del mundo.
La inclusión de la escalada en los Juegos Olímpicos es el ejemplo más reciente del aumento en la popularidad de un deporte que ya en 2019 había reportado la actividad de más de 44.5 millones de escaladores en todo el mundo, de acuerdo con cifras de la Federación Internacional de Escalada Deportiva, el máximo órgano rector y que, desde el año pasado, cambió su nombre a World Climbing.
Hoy, el mundo de la escalada disfruta una popularidad inédita. Mientras que el Climbing Business Journal reporta que 53 nuevos gimnasios especializados abrieron en 2025 –elevando el total a 918–, los Juego Olímpicos de Los Ángeles 2028 serán los primeros en presentar las tres disciplinas de escalada: “speed”, basada en la velocidad de los escaladores; “lead”, en la que los escaladores ascienden asistidos por arneses y cuerdas, y “boulder”, la que practica Emilio y que favorece la intensidad y fuerza física de los participantes, en muros de menos de cinco metros de altura.
“Lo que más me gusta de la escalada es que cuando estás arriba dejas de pensar en cualquier otra cosa. Te desconectas”, comparte Sordo, antes de voltear la mirada al muro y encontrar un camino a la cima. Entre sus sueños también cuenta conocer a alguno de sus ídolos, como la eslovena Janja Garnbret –ganadora del oro en los Olímpicos de París– y a los japoneses Sorato Anraku y Tomoa Narasaki, y sabe que su desempeño en cada estas competencias es clave.
No será fácil pero cada nuevo centímetro conquistado en el muro es un paso adelante hacia una nueva competencia. “La parte más difícil es la mental; es un estrés enorme contender en una escala global”, agrega. “Es fundamental no dejar que los nervios te lleguen a la cabeza; justo antes de empezar, me llegan los nervios, me dan escalofríos, pero ya en el muro, nada”.