Cuando viajas a un nuevo país, los sitios de interés dicen mucho de su cultura y su historia. Así como algunos países tienen entre sus destinos turísticos más castillos que estadios de fútbol, otros cuentan con zonas naturales, monumentos históricos, entre muchos más.
En México, además de todo lo que hay por conocer, existen increíbles destinos formados por zonas arqueológicas. La más conocida y visitada es Chichén Itzá, pero la segunda más famosa sin duda es Teotihuacán, que también puede ser considerada la zona arqueológica más bella para visitar cerca de la CDMX.
Te podría interesar
Aunque la belleza depende mucho de quien la mira, Teotihuacán suele ganar ese título por su tamaño y por la fuerza visual de sus construcciones. Esta elección coincide con la opinión de guías, visitantes frecuentes e incluso de quienes llegan por primera vez sin tener muy claro qué esperar.
La fama no viene solo de sus pirámides gigantes. El recorrido es muy amplio, con calzadas largas e imponentes. Desde distintos puntos se abren vistas amplias que te permiten dimensionar la magnitud del sitio y entender mejor su traza urbana. Esa sensación de espacio y perspectiva hace que cada tramo sea único.
Teotihuacán en 2026: costos de entrada y consejos para planear tu visita
Para 2026, el acceso a Teotihuacán entra dentro de los ajustes de tarifas del INAH. El costo para mexicanos y residentes es de 105 pesos, mientras que para visitantes extranjeros es de 210. Los domingos la entrada sigue siendo gratuita para nacionales, además de personas adultas mayores, con discapacidad, docentes, investigadores acreditados y menores de 13 años.
La cercanía con la Ciudad de México también le suma muchos puntos. Desde el centro puedes llegar en alrededor de una hora, ya sea en coche o en autobús desde la Terminal del Norte. No necesitas planear un viaje largo ni salir de madrugada, así que no hace falta esperar a vacaciones: se puede visitar cualquier fin de semana o día libre.
Al recorrer el sitio te vas a topar con lugares como la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna, la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl. Aunque ya no se permite subir a las estructuras, los espacios abiertos y las plazas permiten apreciar bien las dimensiones y tomar fotos sin sentirte apretado. Además, el Palacio de Quetzalpapálotl ayuda a imaginar cómo era la vida en esta ciudad antigua.
Dentro del mismo boleto puedes entrar a los museos del sitio, que funcionan perfecto para bajar el ritmo, entender mejor lo que estás viendo y escapar un rato del sol. Las maquetas, los murales y las piezas recuperadas hacen que el recorrido tenga más sentido.
Si ya conoces Teotihuacán o buscas algo distinto, cerca de la CDMX también hay alternativas interesantes. Xochicalco, en Morelos, es impactante por su arquitectura y su entorno; Tula, en Hidalgo, es famosa por los Atlantes toltecas; y Malinalco tiene una zona tallada directamente en la roca que son bellísimas. Todas están a una distancia razonable para una salida corta.