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Cómo llegar en transporte público a la Pequeña Italia de Puebla

Planea tu visita a un pueblo poblano con herencia italiana, famoso por sus quesos, panadería artesanal, idioma propio y vistas al valle

Cómo llegar en transporte público.Pequeña Italia de Puebla Créditos: chipilo 1882
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Si quieres visitar Chipilo sin manejar ni depender del GPS, el trayecto en transporte público es una opción perfecta. Esta comunidad poblana, conocida como la Pequeña Italia en México, fue fundada en 1882 por inmigrantes del Véneto durante el gobierno de Porfirio Díaz. Su legado sigue vivo en el idioma, los apellidos y, sobre todo, en la cocina. No te arrepentirás de visitar este pueblo donde el español convive con una variante del véneto y el queso, la pizza y el tomate son parte de la vida diaria.

Para llegar en transporte público a Chipilo, el recorrido inicia en la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO). Puedes llegar en Metro hasta San Lázaro por la Línea 1 o la Línea B, o usar el Metrobús en sus líneas 4 o 5, que también te dejan a unos pasos. Una vez dentro, compra tu boleto hacia Puebla o Cholula. El viaje ronda las dos horas y media, dependiendo del tráfico al salir de la Ciudad de México.

Si eliges bajar en Cholula, el traslado final es corto. Desde la central puedes tomar taxi o una colectiva rumbo a Atlixco y pedir que te dejen en la entrada de Chipilo. El trayecto dura entre 15 y 30 minutos. En esta última parte, verás cómo aparecen casas con techos de dos aguas y calles que rompen con la imagen tradicional de los pueblos poblanos.

Chipilo se localiza a unos 12 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla, dentro del municipio de San Gregorio Atzompa. Viven allí alrededor de 4,500 personas, muchas descendientes directas de aquellas familias italianas que llegaron buscando nuevas oportunidades. Aunque las tierras no eran las más indicadas para los cultivos que conocían, desarrollaron una fuerte tradición ganadera y láctea que hoy define la economía del pueblo.

Cómo es Chipilo y qué hacer en este destino

Al caminar por sus calles podrás escuchar el chipileño. Esta variante del véneto se habla en casas, negocios y escuelas. Puedes entrar a una quesería y oír una conversación en ese dialecto mientras eliges mantequilla artesanal o queso oreado. El yogurt también es algo delicioso que no te puedes ir sin antes probar. 

La comida concentra buena parte del atractivo. Las vitrinas exhiben cremas espesas, yogures y distintas variedades de queso que rara vez encuentras en supermercados convencionales. En las trattorias y pizzerías, las pastas conviven con ingredientes mexicanos como el chipotle, resultado de más de un siglo de adaptación mutua. ¿

Entre los sitios más visitados está el Museo de la Migración Italiana, donde fotografías, documentos y objetos antiguos narran la llegada de las primeras familias. A pocos pasos se levanta la Parroquia de la Inmaculada Concepción, con una arquitectura distinta al barroco recargado que domina en otras zonas del estado. Ambos espacios ayudan a dimensionar la fuerza cultural que mantiene unido al pueblo.

Si quieres una vista amplia del valle, te recomendamos subir al Monte Grappa. En la cima hay un monumento dedicado a italianos que participaron en la Primera Guerra Mundial y una escultura del Sagrado Corazón. Desde ahí se observan los volcanes que rodean la región y puede ver por qué el paisaje pudo recordarles a los Alpes a quienes llegaron hace más de un siglo.