Caminar por el borde de un cráter volcánico y encontrarte con un lago de aguas turquesa puede sonar como un sueño febril, pero no solo es posible, también está más cerca de lo que podrías pensar: ocurre en la Laguna de Quilotoa, en Ecuador. Desde lo alto, el agua parece un espejo turquesa que, en cuestión de minutos, puede volverse verde esmeralda o azul profundo.
El contraste con las paredes de roca volcánica y el cielo abierto de los Andes compone una imagen difícil de igualar en este planeta. Y por si fuera poco, el acceso a este paisaje cuesta apenas 2 dólares, una cifra mínima frente a la magnitud del escenario que tienes delante.
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Este lago ocupa la caldera de un volcán que colapsó tras una erupción explosiva hacia finales del siglo XIII. La explosión fue tan potente que lanzó ceniza a grandes distancias, incluso hacia la costa del Pacífico, y dejó un enorme cráter de casi tres kilómetros de diámetro. Con el paso de los siglos, la depresión se llenó de agua de lluvia y filtraciones subterráneas hasta formar un lago de unos 250 metros de profundidad.
Altitud, clima y rutas para descubrir la Laguna de Quilotoa
Ubicada en la provincia de Cotopaxi, a casi 3,900 metros sobre el nivel del mar, la laguna impone tanto por su escala como por su altitud. Si visitas este destino natural, es importante prepararte para la altura: a esa elevación el aire es más delgado, el pulso se acelera, las piernas pesan y cada subida exige paciencia. Aun así, el esfuerzo encuentra recompensa cuando te asomas al borde y comprendes la magnitud del cráter bajo tus pies.
Aunque durante mucho tiempo se creyó que el volcán estaba extinto, hoy se lo considera potencialmente activo. En el fondo existen fumarolas y puntos con actividad térmica que nos recuerdan que el sistema no está completamente dormido. No hay un desagüe visible; el agua se filtra a través del subsuelo volcánico, manteniendo el nivel del lago en un equilibrio silencioso.
Uno de los mayores atractivos es la transformación constante del color. Los minerales presentes en el agua, sumados al ángulo del sol y al paso de las nubes, alteran el tono de la superficie a lo largo del día. Las fotos de la mañana, con luz limpia, no se parecen a las de la tarde cuando la neblina desciende y el paisaje adquiere un aire más denso y dramático.
El clima, al igual que los colores del agua, cambia con rapidez, como suele ocurrir en lugares tan elevados: puedes iniciar la caminata bajo un sol intenso y terminarla con lluvia fría y viento fuerte. Para afrontar estos cambios bruscos, lo mejor será llevar varias capas de ropa, un impermeable y suficiente hidratación.
Cómo llegar y qué hacer en la Laguna de Quilotoa
Para llegar, la ruta más común parte desde Quito, en un trayecto por carretera de alrededor de tres horas y media. El camino pasa por Latacunga y continúa hacia Zumbahua antes de alcanzar el poblado de Quilotoa. Algunos viajeros aprovechan el recorrido y suman a la visita de la laguna una parada en el cercano Parque Nacional Cotopaxi o en Baños de Agua Santa, sacando partido de la cercanía entre destinos andinos.
Una vez en el cráter, puedes recorrer el perímetro completo en una caminata de entre siete y nueve kilómetros que toma varias horas y permite descubrir perspectivas bellísimas. También es posible descender por un sendero en zigzag hasta la “playita”, donde algunos alquilan kayaks para remar sobre el agua helada, que ronda los 12 grados. La bajada es realmente sencilla; el verdadero reto está en el ascenso de regreso.
La laguna forma parte del conocido Quilotoa Loop, una ruta de varios días que conecta algunas comunidades andinas como Sigchos, Isinliví y Chugchilán. En el poblado encontrarás hospedajes y platos calientes como locro de papa o trucha fresca, perfectos tras horas de caminata.