A poco más de una hora de la Ciudad de México, hay un espacio que rompe con la estética habitual del altiplano. No es un pueblo mágico tradicional ni un parque temático en sentido estricto, sino un desarrollo turístico inspirado en la arquitectura rural europea que ha ganado notoriedad en los últimos años. Se trata de Val’Quirico, ubicado en el estado de Tlaxcala.
Este sitio forma parte de una tendencia creciente en el país: crear destinos con identidad visual definida, pensados para recorridos cortos y consumo gastronómico. En el caso de Val’Quirico, la referencia es la región italiana de Toscana, reinterpretada en un entorno controlado y adaptado al clima y paisaje del centro de México.
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Cómo llegar a Val’Quirico desde la CDMX
Llegar desde la capital es relativamente sencillo y no requiere una planeación compleja. En automóvil, el trayecto toma entre 1 hora 30 minutos y 2 horas, dependiendo del punto de salida y el tráfico. La ruta más directa es tomar la autopista México–Puebla (150D) y desviarse hacia Nativitas, Tlaxcala. El costo de casetas ronda los 200 a 300 pesos por trayecto.
Para quienes prefieren transporte público, la opción más común es viajar en autobús desde la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO) hacia Puebla o Tlaxcala. Líneas como ADO o AU ofrecen salidas frecuentes, con precios que van de 180 a 350 pesos por trayecto y una duración aproximada de 2 horas.
Desde Puebla o Tlaxcala, el siguiente paso es tomar un taxi o servicio por aplicación hacia Val’Quirico. Este último tramo dura entre 20 y 40 minutos y tiene un costo aproximado de 150 a 300 pesos. Aunque no existe una ruta directa de autobús que deje en la entrada, la conexión es relativamente fluida.
De acuerdo con información de la Secretaría de Turismo de México, este tipo de destinos cercanos a grandes ciudades ha incrementado su demanda en fines de semana, por lo que salir temprano ayuda a evitar saturación en carretera y tiempos de espera.
Por qué Val’Quirico se percibe como una “pequeña Italia”
Más allá de la referencia estética, lo que distingue a Val’Quirico es la coherencia de su diseño. El complejo fue planeado como un espacio peatonal desde su origen, lo que condiciona la experiencia del visitante: no hay circulación de autos dentro de la zona central y los recorridos se hacen completamente a pie.
Los materiales utilizados —piedra, madera y herrería— siguen una línea arquitectónica homogénea. Los locales comerciales están integrados en estructuras que combinan vivienda, restaurantes y tiendas, lo que genera una sensación de continuidad visual poco común en desarrollos turísticos abiertos en México.
En términos de oferta, el lugar está orientado principalmente al consumo. Restaurantes de cocina italiana, panaderías artesanales, wine bars y cafeterías dominan la escena. Platos como pastas frescas, pizzas al horno y tablas de quesos son parte del menú habitual, con precios que van de 150 a 400 pesos por persona en promedio.
Además, el espacio alberga eventos culturales y gastronómicos durante el año, desde mercados temporales hasta presentaciones musicales. Esto responde a una lógica de programación constante para mantener flujo de visitantes, especialmente en fines de semana.
Otro elemento clave es el uso del espacio público. Plazas, pasillos y áreas abiertas están diseñados para permanecer, no solo para transitar. Esto favorece estancias más largas y convierte la visita en una experiencia más ligada al consumo y la convivencia que al turismo tradicional de recorrido rápido.
Val’Quirico se mantiene como uno de los destinos más visitados en Tlaxcala, impulsado por su cercanía con la CDMX y su propuesta diferenciada. Sin necesidad de replicar de forma exacta un entorno europeo, el sitio logra construir una narrativa visual clara que conecta con quienes buscan una escapada breve con enfoque gastronómico y estético.