En Cuernavaca, una alberca alimentada por manantiales naturales y con más de un siglo de antigüedad se ha convertido en uno de los puntos favoritos para refrescarse estas vacaciones. Lo interesante: forma parte de un parque fundado durante el gobierno de Porfirio Díaz.
Ubicada dentro del Parque Melchor Ocampo, esta alberca no solo ofrece un respiro ante el calor, sino también una experiencia distinta, donde el agua proviene directamente de fuentes naturales.
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Alberca histórica en parque centenario
El parque, situado en el tradicional barrio de Gualupita, es uno de los espacios públicos más antiguos de la ciudad. Fue inaugurado en 1897 bajo el nombre de “Carmen Romero Rubio”, en honor a la esposa de Porfirio Díaz, y con el paso del tiempo adoptó su nombre actual.
Hoy, este sitio combina historia, naturaleza y recreación en un solo espacio. Su alberca, recientemente rehabilitada, es uno de los principales atractivos durante temporadas vacacionales como la Semana Santa.
La alberca natural del Parque Melchor Ocampo en Cuernavaca es una opción gratuita para el público en general.
A diferencia de otras piscinas, aquí el agua es fría y proviene de manantiales que nacen dentro del mismo parque. Esto le da un carácter especial: no es un espacio artificial, sino una extensión del entorno natural que rodea la zona.
Durante días de alta afluencia, como Viernes Santo, familias completas llegan desde temprano con trajes de baño, alimentos y la intención de pasar varias horas disfrutando del lugar. El ambiente suele ser relajado, con visitantes de todas las edades.
El parque abre todos los días y, además de la alberca, ofrece amplias áreas verdes, sombra natural gracias a sus árboles y espacios ideales para descansar o hacer picnic.
Naturaleza y manantiales en Cuernavaca
Más allá de la alberca, el Parque Melchor Ocampo es un pequeño pulmón natural dentro de la ciudad. Forma parte del entorno del Bosque de Amanalco y resguarda diversos manantiales que han sido clave para su historia.
Uno de los más conocidos es “El Pilancón”, que alimenta los llamados “Ojos de Gualupita”, tres nacimientos de agua que pueden observarse dentro del parque. Estos puntos no solo tienen valor ecológico, sino también cultural para la comunidad local.
El recorrido por el parque incluye senderos rodeados de vegetación, jardines con plantas endémicas y espacios donde es posible observar aves y otras especies. Es un lugar que invita a caminar sin prisa y a desconectarse del ritmo cotidiano.
También cuenta con la biblioteca Biblioteca J. Félix Frías, que permanece abierta de 8:00 a 19:00 horas y ofrece un acervo compuesto tanto por colecciones institucionales como por donaciones de la comunidad.
Su ubicación es otro de sus puntos fuertes: se encuentra a unos minutos del centro de Cuernavaca, lo que permite complementar la visita con otros sitios emblemáticos como la Catedral de Cuernavaca o el Palacio de Cortés.
Además, al estar a menos de dos horas de la Ciudad de México, se convierte en una opción viable para una escapada de un día o de fin de semana.
Con su mezcla de historia, agua de manantial y áreas verdes, este parque demuestra que no siempre es necesario salir lejos para encontrar un plan refrescante.