Si al pensar en paisajes áridos, la imagen que te viene a la mente es un desierto, es porque no te has dado la oportunidad de conocer la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán. Entre Puebla y Oaxaca hay un territorio inmenso donde miles de cactus gigantes se levantan hacia el cielo.
Ahí los cañones esconden rincones sorprendentes y las comunidades locales mantienen tradiciones que llevan siglos formando parte de la región. Además, queda relativamente cerca de la Ciudad de México, así que es una gran excusa para escaparte unos días y conocer algo fuera de lo común.
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El principal atractivo, aquel que nos suele dejar boquiabiertos, son las enormes cactáceas que cubren el paisaje. La reserva ocupa más de 490 mil hectáreas y concentra la mayor densidad de cactus columnares del planeta. Ahí crecen tetechos, órganos, viejitos, garambullos y biznagas que alcanzan alturas impresionantes.
¿Cómo es caminar entre los gigantescos cactus de Tehuacán-Cuicatlán?
Lo más interesante es que no se trata de cactus dispersos por aquí y por allá. Hay zonas donde crecen tan juntos que terminan formando algo parecido a un bosque. Caminar entre ellos tiene una sensación difícil de explicar hasta que la experimentas. A cada paso aparecen nuevas formas, tamaños y siluetas que hacen que el paisaje nunca se sienta igual.
Si te gusta tomar fotografías, prepara espacio en la memoria de tu celular o de tu cámara. Durante el amanecer y el atardecer, la luz pinta los valles con tonos dorados, rojizos y anaranjados que vuelven todavía más espectacular el sitio.
Pero Tehuacán-Cuicatlán no se conoce únicamente por sus paisajes. La zona fue declarada Reserva de la Biosfera en 1998 y en 2018 recibió el reconocimiento de Patrimonio Mundial de la Humanidad por parte de la UNESCO. Además, forma parte de un grupo muy reducido de sitios catalogados como Bien Mixto, una distinción que reconoce tanto su importancia natural como cultural.
¿Hay más? Sí, ya que en esta región se encontraron algunas de las evidencias más antiguas relacionadas con la domesticación de plantas en toda Mesoamérica. Hace más de nueve mil años ya existían rastros del cultivo de maíz, chile, calabaza y amaranto. Mientras recorres estos paisajes resulta inevitable imaginar cómo vivían las comunidades que comenzaron a desarrollar la agricultura en esta parte del continente.
¿Qué experiencias de naturaleza puedes vivir en Tehuacán-Cuicatlán?
La biodiversidad también tiene un papel enorme dentro de la reserva. En un mismo territorio conviven matorrales xerófilos, selvas bajas, bosques de pino y encino e incluso pequeñas áreas de bosque mesófilo de montaña. Gracias a esta variedad de ambientes se han registrado más de mil 900 especies de plantas, muchas de ellas exclusivas de la región.
La variedad de fauna también es impresionante. Entre los habitantes de la reserva aparecen especies como el tepezcuintle, el tigrillo, la nutria, el gato montés y el venado cabrito. Uno de los espectáculos más buscados ocurre en el Cañón del Sabino, donde las guacamayas verdes utilizan las enormes paredes rocosas como refugio. Verlas cruzar el cielo entre los acantilados es una imagen que difícilmente puede igualarse.
No te pierdas la visita al Cañón del Sabino
Si tienes tiempo para explorar más allá de los senderos principales, te recomendamos acercarte precisamente al Cañón del Sabino. Sus paredes alcanzan cerca de 250 metros de altura y crean uno de los escenarios naturales más impresionantes de toda la reserva. Además de observar las guacamayas, también puedes conocer proyectos comunitarios enfocados en la conservación de esta especie.
Incluye San Juan Raya y un jardín botánico en tu itinerario
Otro sitio que merece una visita es San Juan Raya, una comunidad poblana donde el pasado geológico aparece a simple vista. Aunque hoy predominen los paisajes áridos, hace millones de años esta región estuvo cubierta por el mar. Durante los recorridos guiados puedes observar fósiles marinos incrustados en el suelo mientras recorres senderos a pie, en bicicleta o a caballo. También hay un museo comunitario que ayuda a entender cómo fue evolucionando este territorio con el paso del tiempo.
Para cerrar el viaje, nada mejor que visitar el Jardín Botánico Helia Bravo Hollis, en Zapotitlán Salinas. Ahí puedes observar muchas de las especies vegetales más representativas de Tehuacán-Cuicatlán y aprender cómo logran sobrevivir en condiciones extremas.
¿Cómo llegar?
Para visitar la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán es importante planear el acceso con anticipación, ya que existen distintos puntos de entrada distribuidos entre Puebla y Oaxaca. Los accesos de Santa María Tecomavaca, San José del Chilar y Santiago Dominguillo tienen un costo de 200 pesos por persona, mientras que los de Santiago Quiotepec y Santiago Apoala cuestan 100 pesos; algunos requieren reservación previa.
La ruta más utilizada desde Puebla y la Ciudad de México es a través de Zapotitlán Salinas, donde también se realizan recorridos con guías comunitarios. Desde la Ciudad de México, el trayecto por carretera toma alrededor de tres horas y media hasta Tehuacán, desde donde se puede continuar hacia la reserva en vehículo particular o transporte local.
También es posible llegar en autobús hasta Tehuacán y tomar colectivos hacia las comunidades cercanas. Los aeropuertos más próximos son el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán, en Puebla, y el Aeropuerto Internacional de Oaxaca-Xoxocotlán. Debido a las características del área natural protegida y a la disponibilidad de servicios en cada comunidad, conviene reservar con anticipación y confirmar horarios, costos y requisitos de acceso antes del viaje.