En las montañas del norte de Chiapas se encuentra uno de los tesoros naturales más sorprendentes de México. No brilla por haber sido extraído de una mina de metales preciosos ni está asociado a leyendas de piratas, sino a un proceso que comenzó hace aproximadamente 23.5 millones de años.
Se trata del ámbar, una resina vegetal fosilizada que permaneció oculta bajo la tierra durante millones de años y que hoy constituye una parte fundamental de la identidad cultural y económica de numerosas comunidades chiapanecas.
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Hablar del ámbar mexicano es hablar de Simojovel de Allende. Este municipio concentra los principales yacimientos del país y se ha ganado el reconocimiento como la tierra del ámbar. Aunque existen dep??sitos en otras localidades cercanas, Simojovel continúa siendo el punto de referencia para quienes desean conocer el origen de esta resina fósil, cuya extracción artesanal sigue formando parte de la vida cotidiana de muchas familias de la región.
¿Dónde conocer la historia del ámbar de Chiapas?
Quienes deseen acercarse a este patrimonio pueden visitar Simojovel de Allende, donde se concentra gran parte de la producción nacional, o recorrer el Museo del Ámbar de San Cristóbal de las Casas, ubicado en el antiguo Ex Convento de la Merced. Allí es posible conocer el origen de esta resina, observar piezas certificadas y comprender la dimensión cultural que la rodea.
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Detrás de cada pieza existe un trabajo colectivo que rara vez recibe la atención que merece. Las mujeres de este municipio desempeñan una labor indispensable. Con paciencia y experiencia, revisan el cascajo que queda después de las excavaciones para localizar pequeños fragmentos de ámbar que podrían pasar desapercibidos entre piedras y tierra.
Muchas de ellas dominan el proceso de selección, pulido y transformación de la resina gracias a conocimientos transmitidos durante generaciones. Antes de comenzar cualquier trabajo observan cuidadosamente cada fragmento para respetar su forma natural y determinar qué tipo de pieza puede surgir de él. Así nacen anillos, aretes, collares, dijes y otras creaciones que posteriormente llegan a mercados, galerías y museos dentro y fuera de México.
¿Cómo permite el ámbar conocer ecosistemas de hace millones de años?
La experiencia acumulada durante años les permite identificar características que para otros resultarían imperceptibles. Reconocen variaciones de color, evalúan la calidad del material y distinguen las piezas más valiosas. Entre las variedades más apreciadas están el ámbar amarillo y el ámbar rojo, una tonalidad particularmente escasa que alcanza gran reconocimiento debido a su rareza.
Más que una piedra ornamental, el ámbar funciona como una auténtica ventana hacia el pasado. Algunas piezas conservan insectos, hojas, flores y otros organismos atrapados en la resina cuando aún era líquida. Millones de años después, esos pequeños vestigios permiten a científicos e investigadores estudiar ecosistemas desaparecidos y comprender mejor cómo era la vida en esta región durante épocas remotas.
¿Cómo contribuyen las artesanas del ámbar a la economía y cultura de Chiapas?
La importancia de estas mujeres también se refleja en el ámbito económico. A través de redes de artesanas, comerciantes y cooperativas locales, las piezas elaboradas en Chiapas han logrado llegar a mercados nacionales e internacionales. Gracias a este trabajo, cientos de familias encuentran una fuente de ingresos vinculada a una actividad que además contribuye a preservar técnicas tradicionales y fortalecer la identidad de las comunidades originarias.
Su labor ayuda igualmente a conservar la memoria colectiva de la región. El ámbar no representa únicamente una joya de gran valor comercial, sino también un elemento ligado a la historia de los pueblos chiapanecos y a su relación con el territorio. En cada taller se mantienen vivas prácticas heredadas por madres, abuelas y bisabuelas que han encontrado en esta resina una forma de preservar conocimientos, relatos familiares y formas de vida que siguen vigentes.