Si quieres salir de la CDMX sin dedicar medio día al trayecto, Atitalaquia, Hidalgo, puede ser una buena sorpresa para tu fin de semana. Está a unos 109 kilómetros de la capital y ahí podrás hacer varios planes en un mismo recorrido: conocer una parroquia colonial, caminar entre cerros, acercarte a antiguos cascos de hacienda y terminar frente a un plato de tlacoyos de frijol bien doraditos.
Antes de contarte más sobre este destino, vamos a contarte cómo llegar. Si vas en auto, toma la México-Querétaro, continúa hacia Tula de Allende y sigue las indicaciones hacia la zona del Parque Industrial Atitalaquia. Para entrar al municipio puedes continuar por avenida Adolfo López Mateos y después tomar las calles Mariano Matamoros, 16 de Enero y Melchor Ocampo. El trayecto te tomará menos de dos horas y tendrás que pagar dos casetas con un total de 159 pesos.
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También puedes llegar en autobús. Desde la Terminal Central de Autobuses del Norte hay corridas hacia Tula de Allende o Tepeji de Ocampo, con boletos que suelen costar entre 150 y 190 pesos. Una vez ahí, puedes tomar un colectivo o taxi hacia Atitalaquia y sumar aproximadamente entre 30 y 60 pesos, según el punto donde tomes el transporte.
¿Qué hacer en Atitalaquia?
Al llegar, empieza el paseo por el centro y acércate a la Parroquia de San Miguel Arcángel. El templo tiene elementos de arquitectura colonial y funciona como un buen punto para comenzar a conocer el municipio. Después puedes buscar los antiguos cascos de las haciendas Bejuyito, San Miguel Chingüe, Poxtla y Río Salado, vinculados con la actividad agrícola y productiva que marcó la historia local.
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Si prefieres cambiar las calles por senderos, reserva unas horas para recorrer los cerros de Atitalaquia. El Cerro de la Cruz es maravilloso para caminar entre matorrales, magueyes, nopales y campos característicos del Valle del Mezquital. Es un paseo que puedes hacer sin demasiada preparación, aunque si debes llevar agua suficiente, bloqueador, gorra y calzado cómodo para avanzar por terrenos irregulares.
Durante el recorrido también puedes encontrar parte de la fauna de la zona, como gorriones, palomas silvestres, halcones y pequeños reptiles que se mueven entre las piedras y la vegetación. Para evitar las horas de mayor calor, procura comenzar temprano o acercarte al atardecer. En agosto, además, el municipio organiza caminatas gratuitas, incluida una ruta hacia el Cerro de la Mesa.
¿Qué comer en Atitalaquia?
Después de caminar, llega uno de los momentos más esperados: comer. Los tlacoyos de frijol son de esos antojitos que es mejor pedir recién hechos, cuando todavía salen calientes del comal y tienen esa orilla doradita que cruje al morderla. En los puestos y negocios locales también puedes encontrar barbacoa, mixiotes, quesadillas, gorditas y sopes, además de pulque natural o curados.
El recorrido también puede incluir una parada para conocer las artesanías de Atitalaquia. Entre las piezas que puedes encontrar aparecen los quexquémetls de lana con bordados, además de objetos de barro como jarros, ollas, cazuelas y cántaros.
¿Vale la pena visitar Atitalaquia en un día?
Entre el trayecto corto, los antiguos espacios de las haciendas, las caminatas por los cerros y una comida con sabor hidalguense, Atitalaquia funciona muy bien para una salida de un día desde la CDMX. Puedes llegar temprano, recorrer el centro, salir a caminar, sentarte a comer unos tlacoyos y todavía tener tiempo para regresar a casa ese mismo día.