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Cómo llegar al pequeño Pueblo Mágico de Puebla con cabañas y puente colgante entre bosques

Aventura serrana con miradores, artesanías, comida deliciosa y paisajes entre montañas para un viaje tranquilo y especial

Puebla.Cómo llegar al pequeño Pueblo Mágico PahuatlánCréditos: Pexels/ Lluvia Morales
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Puebla es uno de los estados del país con mayor riqueza natural y cultural. No por nada la Secretaría de Turismo ha nombrado no dos ni tres, sino 12 Pueblos Mágicos en su territorio. Hoy te hablamos de uno de los más hermosos: un pequeño Pueblo Mágico, con cabañas y puentes colgante entre bosques, nubes y la sierra: Pahuatlán. Pero antes de hablarte de sus maravillas, te queremos contar cómo llegar para que no tengas dudas y tengas todo listo para tu siguiente gran ESCAPADA.

Para llegar en auto desde la Ciudad de México el camino toma alrededor de 3 horas con 15 minutos para recorrer unos 166 kilómetros. La ruta más práctica va por la autopista México 132D, que ayuda a evitar retrasos y te lleva por Pachuca y Tulancingo antes de entrar a la zona montañosa. Las tres casetas que encuentras en el viaje suman 183 pesos y, con gasolina incluida, el viaje ronda los 450 pesos. 

Si tu opción es ir en autobús, es bastante sencillo. No hay corridas directas, pero puedes partir desde la Central del Norte o TAPO rumbo a Tulancingo con empresas como Futura o Línea Verde, con boletos desde 100 pesos. Al llegar, simplemente tomas otro autobús hacia Pahuatlán desde 37 pesos. En total, el trayecto toma unas 4 horas y suele haber horarios amplios, así que puedes organizar tu salida sin pasar mucho tiempo ordenando tu itinerario.

¿Qué visitar en el Pueblo Mágico de Pahuatlán?

Ya en el pueblo, la sierra te recibe con montañas cubiertas de neblina y caminos donde el silencio se pierde tan solo con el sonido del viento. Es un destino perfecto para respirar aire fresco, ver paisajes que parecen flotar entre nubes y pasar un fin de semana entrañable en hospedajes que van desde posadas hasta cabañas rodeadas de naturaleza.

Uno de los lugares que no puedes perderte es el Puente Colgante Miguel Hidalgo y Costilla, a tres kilómetros del centro. El cruce une Pahuatlán con la comunidad de Xolotla y está suspendido sobre el río Pahuatitla, que forma pozas donde es posible nadar cuando la corriente baja. La vista desde el puente es imposible de pasar por alto: barrancas profundas, vegetación espesa y la inmensidad frente a tus ojos.

Otros atractivos 

  • Acalapa
  • Cascada Velo de Novia
  • La Trinidad
  • Mercado Municipal
  • Plaza Principal
  • Templo de Santiago Apóstol

Otro punto imperdible es el Mirador de Ahíla. En él, además de panorámicas increíbles, notarás la actividad constante de ciclistas, parapentes y zonas donde se cultivan flores. Desde este mirador se observa el pueblo a la distancia como si flotara entre montañas, por lo que es perfecto para una buena foto.

San Pablito también merece una visita especial. Esta comunidad es famosa porque en ella las personas elaboran el papel amate desde tiempos ancestrales. Puedes entrar a talleres como el de la familia Santos Rojas para ver cómo se transforma la corteza del jonote en hojas que después se convierten en lámparas, cuadros y piezas únicas. 

Si te gusta el café, Pahuatlán te va a caer de maravilla. En sus tierras crecen cafetales por todas partes y es común encontrar beneficios tradicionales donde puedes aprender sobre todo el proceso. El de Don Conche Téllez es uno de los más conocidos: ahí puedes probar distintos perfiles, participar en catas y llevarte café recién tostado, perfecto para recordar el viaje cada mañana.

El taller de licores artesanales y el Jardín Botánico Santillán también suman a la experiencia. En este lugar preparan bebidas típicas con acachul, mora, uva silvestre o piña, todas hechas de forma local. Además, el jardín reúne plantas de la región y es un buen espacio para caminar tranquilo, hacer fotos y relajarte después de un día entre senderos y miradores.

¿Qué comer en Pahuatlán? 

Para cerrar con todo, no olvides probar la comida. Entre molotes, gorditas de frijol —a las que llaman pintas o empedradas— y la salsa de chicales, tienes una fusión de sabores que difícilmente vas a encontrar en otro sitio. Y si viajas en temporada de lluvias, prueba las chicales fritas con chiltepín, un clásico que muchos esperan cada año.