A dos horas de la Ciudad de México se encuentra Aculco, un destino del Estado de México designado como Pueblo Mágico en el que los visitantes encontrarán historia, gastronomía, cascadas y otros atractivos que los harán quedarse en la ciudad para seguir descubriendo su encanto.
Dicho territorio también ha destacado por sus quesos de rancho, los cuales se elaboran de manera tradicional. Entre la oferta gastronómica se encuentran diversos sabores como queso fresco, ahumado, añejo, finas hierbas y con chile jalapeño. Incluso, cuentan con talleres en los que se muestra el proceso de elaboración y al final se pasa a la degustación.
Te podría interesar
La ruta de comida tradicional no parará con estas entradas, ya que al recorrer la ciudad podrás encontrar otros platillos tradicionales de la localidad como barbacoa, consomé, carnitas, mole y enchiladas aculquenses.
Aculco, un lugar rodeado de naturaleza
Entre los sitios más populares se encuentra el Cañón de Aculco, un espacio de prismas en el que desciende la Cascada de la Concepción, un atractivo natural escondido dentro de un entorno boscoso y lleno de senderos.
Te podría interesar
Al llegar al final del recorrido podrás observar la cascada con una caída de agua de 25 metros que se escucha a kilómetros de distancia debido a la tranquilidad del lugar o incluso realizar un picnic en los alrededores.
Los visitantes también tendrán la posibilidad de pasear en lancha o pesar en la Presa Ñadó, un sitio ideal para los amantes del ecoturismo, ya que podrán practicar rapel o senderismo entre sus caminos rocosos.
¿Qué hacer en Aculco?
La mayoría de los pueblos en México aún conservan parte de sus edificios coloniales, y la localidad del Edomex no es la excepción. Al caminar por la plaza principal te encontrarás con la Parroquia y Convento de San Jerónimo, espacios que se construyeron en 1540.
Asimismo, encontrarás diversas artesanías desde piezas talladas en cantera blanca, hasta textiles de lana tejida a mano como bufandas, morrales o tapetes. Los visitantes también pueden hospedarse en alguna hacienda para realizar fogatas o recorridos a caballo.