En las calles de Tlayacapan se gestó una de las tradiciones más reconocidas de Morelos. En este Pueblo Mágico nació la danza de los chinelos y desde aquí tomó forma el carnaval que hoy define al estado. El sonido de la música, las máscaras y el brinco continuo cuentan una historia que empezó como un acto de burla y resistencia, una forma de decir lo que estaba prohibido decir.
La Danza de los Chinelos surgió en el siglo XIX como una expresión popular ligada a la vida en las haciendas. A través del baile y el disfraz, los participantes usaban la burla y la exageración para criticar situaciones sociales de la época. El movimiento principal, ese salto constante que no se detiene, nació en el Pueblo Mágico y con el tiempo se volvió el sello de la danza.
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El carnaval en Tlayacapan se vive con muchísima intensidad desde el cuarto viernes de enero y arranca incluso desde la noche anterior. El Show de las Viudas abre el ambiente con disfraces que parodian personajes públicos y escenas cotidianas. El sentido de estas tradiciones pasa por soltar tensiones antes de la llegada de los días más agitados, cuando las comparsas se apoderan de las calles.
La historia detrás de la Danza de los Chinelos
Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el origen de esta danza se remonta a la época colonial. Durante los carnavales, los pueblos indígenas se disfrazaban para burlarse de los españoles, exagerando sus rasgos y costumbres. Esa intención sigue presente en cada máscara y en cada salto, aunque hoy el sentido se vive desde otro lugar.
El vestuario del chinelo es tan importante como el baile en sí. Las túnicas largas, los bordados y las lentejuelas van acompañados de sombreros altos con plumas y adornos llamativos. La máscara de tela, con bigotes y barbas exageradas, es el elemento más representativo y suele reflejar la personalidad de quien la usa, incluso aunque el rostro permanezca oculto.
Se dice que en Tlayacapan la vestimenta es más sencilla, con túnicas blancas y franjas azules, además de un sombrero corto. Por otro lado, en Tepoztlán predominan los trajes negros con capas decoradas y sombreros altos en forma de cono. En Yautepec, los bordados de colores son tan abundantes que algunos trajes pesan entre 30 y 40 kilos.
Una particularidad de Tlayacapan es que sus chinelos sí hablan, y lo hacen con falsete. Ningún otro municipio mantiene esta forma de comunicación durante el carnaval. Este recurso viene de antiguas costumbres para ocultar la identidad, pero hoy se convirtió en un rasgo que diferencia claramente a este pueblo del resto de Morelos.
Cómo llegar a Tlayacapan para vivir el carnaval y ver el brinco del chinelo
Si quieres llegar desde la Ciudad de México, el trayecto en auto dura alrededor de una hora. Se toma la carretera México 113 hacia Oaxtepec, pasando por San Pedro Atocpan, hasta llegar a la Avenida 16 de Septiembre y luego a la Calle No Reelección. Hay dos casetas, una de 149 pesos y otra de 63, más el gasto de gasolina que ronda los 400 pesos por viaje redondo.
También puedes ir en transporte público desde la Terminal del Sur, en Taxqueña, con autobuses rumbo a Oaxtepec que cuestan cerca de 200 pesos. Desde ahí, una combi o taxi te lleva a Tlayacapan por un monto adicional bajo. Así, llegas al lugar donde todo empezó y donde el carnaval se vive con el brinco constante de los chinelos.