GASTRONOMÍA MEXICANA

¿Cuál es el mejor Pueblo Mágico de Puebla para probar cemitas de mole?

Un viaje guiado por el antojo, los sabores más intensos del estado y un Pueblo Mágico donde la cocina es inigualable

Puebla.El mejor Pueblo Mágico de para probar cemitas de moleCréditos: Cuartoscuro/ Mireya Novo
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Si eres de los que planea viajes con el estómago como guía y deja que un platillo incline la balanza al elegir destino, Puebla seguro entra en tu lista de lugares por conocer. Ahí la gastronomía pesa tanto como el paisaje y las opciones no se agotan nunca. Por eso, hoy vamos a contarte cuál es el mejor lugar para comer cemitas de mole dentro del estado, ese Pueblo Mágico de Puebla donde este antojo encuentra su mejor versión.

La cemita de mole nace como una variación muy querida de la cemita poblana, uno de los sándwiches más representativos de Puebla. El pan redondo con ajonjolí, de tamaño generoso, es un clásico del estado, al igual que la intensidad de sus ingredientes. Su historia se remonta a la época colonial, cuando técnicas europeas de panadería, como la semita siciliana, se cruzaron con productos nativos hasta crear, en manos expertas poblanas, este platillo.

Dentro de todas las versiones posibles, la cemita de mole es una de las más queridas. Se prepara comúnmente con pollo o guajolote deshebrado, bañado en mole espeso y acompañado de quesillo, cebolla, aguacate y, a veces, pápalo. Todo queda contenido en el pan tradicional, logrando un equilibrio potente, especiado y muy reconfortante. 

En los 12 Pueblos Mágicos de Puebla se consiguen cemitas en distintas versiones, además de muchos otros platillos clásicos de la cocina mexicana. Sin embargo, hay un Pueblo Mágico que sobresale frente al resto cuando hablamos de cemitas: Atlixco. ¿Lo conoces? 

Atlixco: una parada obligada para amantes de la cemita

Atlixco tiene una escena gastronómica muy activa y una relación especial con las cemitas. Aunque no se le conozca únicamente por el mole, aquí es común encontrar propuestas que giran alrededor de este platillo. Además, se organizan eventos donde las cemitas se cruzan con sabores regionales y propuestas más elaboradas, sobre todo durante festivales gastronómicos como Sabores Puebla o el Festival de la Cemita Poblana.

La edición más reciente del Festival de la Cemita Poblana en Atlixco, realizada en septiembre de 2025, fue un imán para curiosos de todo tipo. Llamó la atención la cemita gigante para compartir, que alcanza hasta ocho kilos y medio ya preparada, junto con versiones gourmet. Los precios fueron desde 25 hasta 900 pesos y el evento reunió cemitas de picanha, ahumados, parrilla, una versión de chile en nogada, opciones dulces y combinaciones poco habituales.

Si quieres visitar Atlixco, tendrás mucho por conocer: el pueblo convive visualmente con el Popocatépetl, que aparece a lo lejos con su nube de humo tanto desde una terraza como desde lo alto del Cerro de San Miguel. El clima se mantiene agradable gran parte del año, lo que permite que árboles frutales, plantas y flores crezcan todo el año. Esa relación con la tierra ha marcado la vida local, desde el comercio hasta las celebraciones con tapetes florales.

La cercanía con el volcán convirtió a Atlixco en una zona agrícola relevante durante el Virreinato, etapa en la que se levantaron muchas de las iglesias que hoy siguen en pie. En las laderas del Popocatépetl también hay balnearios que aprovechan las aguas medicinales de la región. Entre los básicos están subir al Cerro de San Miguel al amanecer o al caer la tarde, recorrer los murales del Palacio Municipal y contemplar el volcán desde alguna terraza.

Llegar a Atlixco desde la CDMX 

Si quieres llegar al Pueblo Mágico desde la Ciudad de México en auto, el trayecto toma alrededor de dos horas con cuarenta minutos por la carretera México–Oaxtepec y la Autopista Siglo XXI, considerando un gasto de 273 pesos en casetas. En transporte público, el autobús sale de la TAPO hacia Atlixco y el viaje ronda las cuatro horas. Ya en el pueblo, el Zócalo es un buen punto de partida para caminar, comer una cemita de mole y confirmar que, al menos en este caso, el antojo eligió bien el destino.