Seguro que has escuchado que la comida mexicana es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, y no es para menos. Esa fama mundial se debe a que cada rincón del país resguarda recetas que son verdaderos tesoros culturales. Intentar elegir un solo sitio como el mejor es una tarea casi imposible porque cada estado tiene sus propios secretos en los fogones, pero cuando se trata de buscar el destino con los platillos más espectaculares, hay un nombre que nunca falta.
En ESCAPADA H quisimos ir directo al grano y dejamos que la tecnología nos ayudara a resolver el misterio. Comparamos los análisis de dos inteligencias artificiales que revisaron miles de reseñas, datos históricos y algoritmos de viajeros. La conclusión fue unánime: Pátzcuaro, en Michoacán, es el Pueblo Mágico con la gastronomía más exquisita de todo México.
Te podría interesar
Este rincón michoacano es célebre porque sus habitantes cuidan recetas ancestrales que han pasado de padres a hijos durante cientos de años. Entre sus calles y avenidas podrás probar joyas como los charales fritos, los uchepos de elote tierno y las famosas carnitas que le dieron fama a todo el estado. Además, los atoles de diferentes sabores y los dulces de leche quemada son imperdibles.
La ubicación del pueblo junto al Lago de Pátzcuaro es una ventaja enorme para quienes aman el pescado fresco. Las preparaciones típicas de la región lacustre son consideradas de las más genuinas del país, manteniendo técnicas que pocos lugares conservan. Si buscas una experiencia culinaria excepcional, este destino tiene una identidad culinaria tan sólida que fue una pieza fundamental para que la cocina de Michoacán recibiera el máximo reconocimiento internacional.
El sabor auténtico de Pátzcuaro: tradición que se saborea
El gran secreto detrás de este prestigio recae en las cocineras tradicionales, quienes son las verdaderas guardianas de estos sabores. Estas mujeres siguen utilizando el metate y el comal de leña tal como se hacía hace siglos, logrando que cada bocado tenga un alma especial. La diversidad de maíces locales permite crear delicias como las corundas, unos tamales triangulares de manteca que se deshacen al contacto con la boca, o la Sopa Tarasca, que se siente como un abrazo en un día difícil.
Para que vivas la experiencia como un profesional, tienes que visitar el Mercado de Antojitos situado a un costado de la Plaza Quiroga. Es ahí donde los locales se reúnen para disfrutar del pescado blanco, un símbolo de identidad regional que difícilmente encontrarás con la misma sazón en otra parte. Olvida los restaurantes elegantes por un momento; la verdadera esencia michoacana se percibe en el humo de los puestos y en el aroma del chocolate de metate que inunda los portales antiguos.
La lista de manjares parece no tener fin cuando exploras las cartas locales, encontrando desde la olla podrida y el churipo hasta el pollo placero y el pozole batido. Si te queda espacio para el postre, puedes probar los chongos zamoranos, los rollos de guayaba o la legendaria nieve de pasta, hecha con una receta de leche que es un ícono del pueblo.
¿Estás pensando que algo tan delicioso tiene que ser caro? Para nada. Visitar este lugar no requiere gastar una fortuna. Por menos de $100 pesos puedes disfrutar de una corunda recién hecha o un atole de grano mientras te relajas en la plaza colonial más grande de Hispanoamérica, bajo la sombra de árboles centenarios. Pasear por sus templos, navegar hasta la isla de Janitzio o contemplar el paisaje desde el mirador de Estribo Grande hace del viaje una experiencia preciosa, donde el estómago y el espíritu regresan plenamente satisfechos.