Cuando llegas a Jiquilpan, uno de los diez Pueblos Mágicos de Michoacán, es fácil notar que los rebozos de seda forman parte de la vida cotidiana. En este destino no solo ves las piezas terminadas en los comercios; también puedes conocer el trabajo que hay detrás de cada una y descubrir por qué esta tradición sigue viva después de tantas generaciones.
Gran parte de esa historia se conoce en la Casa de Piedra, ubicada dentro del Bosque Cuauhtémoc. El edificio, que hace años fue un sitio de descanso del general Lázaro Cárdenas, hoy funciona como museo y taller sericícola. Mientras recorres sus espacios, las artesanas y artesanos te mostrarán cómo nace un rebozo, desde los primeros pasos hasta el tejido final.
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El proceso inicia con el Bombyx mori, un gusano originario de China que produce seda natural. Criarlo requiere paciencia, hojas de morera, humedad y una temperatura adecuada. Cuando completa su ciclo, forma un capullo compuesto por un solo hilo continuo que puede alcanzar hasta mil quinientos metros de longitud, la fibra utilizada para elaborar los textiles.
¿Cómo se produce la seda de los tradicionales rebozos de Jiquilpan?
La producción de seda permaneció durante siglos en China, pero con el tiempo llegó a otros lugares del mundo. En México se introdujo durante la época colonial y Jiquilpan es uno de los sitios donde esta actividad todavía se conserva.
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Si planeas visitar la Casa de Piedra, toma en cuenta que abre de lunes a viernes de 8:00 de la mañana a 3:00 de la tarde y los sábados hasta la 1:00 de la tarde. Además de los rebozos, ahí elaboran collares, aretes, pulseras, llaveros y otras artesanías hechas con los capullos de seda.
A unos once minutos en automóvil del centro del Pueblo Mágico está la comunidad de Francisco Sarabia, donde el trabajo artesanal es parte de la vida de muchas familias. Además de los rebozos de seda y artisela, ahí elaboran sombreros de palma, joyería y muñecas hechas con hoja de maíz, todas creadas mediante técnicas que se han conservado durante décadas.
Otros lugares que visitar en Jiquilpan después de conocer los talleres de seda
Después de conocer los talleres, el recorrido puede seguir por el centro de Jiquilpan. La Biblioteca Pública Gabino Ortiz Villaseñor ocupa un edificio neogótico del siglo XIX y resguarda diez murales de José Clemente Orozco. Muy cerca también están la Casa y el Museo Lázaro Cárdenas, donde se conservan fotografías, documentos y objetos personales del expresidente.
Otro sitio que te recomendamos incluir en tu itinerario es la Parroquia de San Francisco de Asís. Su arquitectura tiene influencias góticas y art nouveau, mientras que en su interior se resguardan un Cristo de peregrinación del siglo XVI, murales religiosos y esculturas históricas. A pocos pasos también se encuentran el Jardín Colón, la Plaza de Armas y el tradicional Parián.
El Bosque Cuauhtémoc y el Parque Juárez se cubren de flores lilas que contrastan con la arquitectura del municipio. Si tu viaje ocurre en invierno, otra alternativa es visitar la Isla Petatán, donde cada año llegan miles de pelícanos borregones procedentes de Canadá.
¿Qué comer y qué llevar como recuerdo de Jiquilpan?
Antes de despedirte de Jiquilpan, puedes sentarte a probar platillos como las corundas, el caldo cosechero, las carnitas o el pozole de elote. Y si decides llevar un rebozo de seda contigo, regresarás con una pieza elaborada a mano que resume el conocimiento, la paciencia y la historia de quienes mantienen viva esta tradición.