Hace 74 millones de años un dinosaurio carnívoro recorría lo que ahora es Coahuila. No era gigante, pero sí astuto, rápido y con plumas. La ciencia lo acaba de traer de vuelta al presente con nombre y apellido: Xenovenator espinosai. Su historia salió a la luz gracias a un hallazgo que volvió a sacudir el mapa paleontológico de México y que cambia la forma en que imaginamos a los depredadores del norte del país.
El descubrimiento fue presentado por un equipo de la Universidad Humanista de las Américas junto con especialistas de la University of Bath, en Reino Unido. El factor decisivo fue un endocráneo increíblemente bien conservado, encontrado en rocas de la formación Cerro del Pueblo. Una pieza que permite asomarse al cerebro del animal y entender cómo pensaba, cazaba y se movía en la oscuridad.
Te podría interesar
Xenovenator espinosai pertenecía al grupo de los troodóntidos, dinosaurios carnívoros conocidos por su inteligencia y sentidos agudos. Este en particular alcanzaba hasta tres metros de longitud y tenía hábitos nocturnos. Cazaba pequeños vertebrados cuando el sol se escondía, usando la noche como aliada. Imaginarlo desplazándose entre sombras le da un giro bastante inquietante a la fauna del Cretácico tardío.
Si los dinosaurios te vuelan la cabeza, Coahuila es un destino que debes incluir en tus planes a futuro. Ahí puedes conocer el Museo del Desierto en Saltillo, con fósiles reales, esqueletos completos y réplicas a tamaño real que te ponen frente a frente con depredadores y herbívoros del Cretácico. También está Rincón Colorado, una zona paleontológica donde los hallazgos siguen apareciendo, y General Cepeda, con senderos de huellas fósiles que se recorren caminando sobre el mismo terreno que pisaron estos animales hace más de 70 millones de años.
Xenovenator espinosai y las pistas que deja el pasado prehistórico de Coahuila
Uno de los aspectos que más conversación ha generado en torno al reciente dinosaurio hallado en Coahuila es su cráneo. Grueso, abovedado y poco común dentro de su grupo, abrió la puerta a varias teorías. Algunas sugieren comportamientos de choque de cabeza; otras hablan de una protección adicional para el cerebro durante peleas o cacerías intensas. Nada está cerrado todavía, pero esa rareza es justo lo que lo hace tan interesante.
El nombre Xenovenator espinosai rinde homenaje a Luis Espinosa, pionero del estudio de los dinosaurios en México. Es una forma de reconocer décadas de trabajo que permitieron que hoy se sigan haciendo descubrimientos de este calibre. Cada nuevo fósil también cuenta una historia humana detrás.
Este hallazgo vuelve a poner a Coahuila bajo los reflectores. La región ya era conocida por su pasado prehistórico, pero Xenovenator espinosai confirma que aún quedan muchas páginas por leer bajo el suelo. Hace millones de años, esta zona no era un desierto, sino un entorno dinámico donde convivían distintas especies, presas pequeñas y depredadores atentos.
México y su legado de dinosaurios carnívoros
Si miras el panorama completo, México tiene un historial bastante potente en dinosaurios carnívoros. Desde Labocania anomala en Baja California hasta restos de gorgosaurios y otros cazadores en el norte, el país ha ido armando un rompecabezas fascinante. Xenovenator llega a sumarse a esa lista con un perfil más sigiloso.
Además, este tipo de descubrimientos ayudan a entender mejor el vínculo entre dinosaurios y aves modernas. Los troodóntidos están entre los grupos más cercanos a ellas, y cada nuevo dato sobre su anatomía aporta pistas súper interesantes sobre esa transición evolutiva.