Catherine O’Hara nació el 4 de marzo de 1954 en Toronto, una ciudad enorme y activa que, sin saberlo, sería el punto de partida de una carrera larguísima. Ahí creció rodeada de una familia numerosa y una vida cotidiana muy lejos del glamour de Hollywood. Nadie imaginaba que esa chica canadiense terminaría convertida en uno de los rostros más reconocibles de la comedia internacional. Hoy, 30 de enero de 2026, su nombre vuelve a recorrer el mundo tras confirmarse su fallecimiento a los 71 años.
Antes de las alfombras rojas, O’Hara pasó por audiciones incómodas, mesas por atender y comentarios poco alentadores. Mientras trabajaba como camarera en un teatro, observaba funciones completas y estudiaba a otros actores desde la sala. Esa experiencia marcó su forma de actuar y su mirada irónica sobre los personajes. Toronto no solo fue su lugar de nacimiento, también fue el espacio donde se forjó su carácter persistente.
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Su etapa decisiva llegó con Second City TV, el famoso SCTV, donde afinó su talento para la sátira y la improvisación. Ahí compartió guiones con figuras que luego serían referentes de la comedia, como Eugene Levy y Martin Short. El programa la volvió conocida en Canadá y abrió puertas hacia el cine. Años después, esa misma ciudad seguía apareciendo en sus recuerdos como el sitio donde aprendió a confiar en su intuición.
El reconocimiento mundial llegó con películas como Mi pobre angelito y Beetlejuice, donde construyó personajes exagerados y muy memorables. Más tarde, la televisión volvió a ocupar un lugar central gracias a Schitt’s Creek, serie que le dio premios y una nueva generación de seguidores. Incluso en proyectos recientes, su estilo siguió intacto. Su fallecimiento, confirmado hoy 30 de enero de 2026, tomó por sorpresa a colegas y fans.
Toronto, la ciudad que marcó los primeros años de Catherine O’Hara
Toronto, la ciudad donde nació Catherine O’Hara, es una metrópoli inmensa, diversa y siempre en movimiento. El lago Ontario acompaña la vida diaria y cambia el paisaje según la estación del año. Ese contexto nos ayuda a entender de dónde salió su sentido del humor tan particular.
Uno de los puntos más conocidos es la Torre CN, visible desde casi cualquier rincón de la ciudad. Llegar hasta arriba permite mirar el lago y los edificios. Muy cerca se encuentra el Acuario Ripley’s, con recorridos bajo el agua y escenas que sorprenden. Son sitios que muestran el costado moderno de la ciudad donde O’Hara creció.
El Distrito de las Destilerías es otra cara de Toronto, con calles adoquinadas y espacios dedicados al arte y la creatividad. Casa Loma transforma completamente el paisaje con su arquitectura de otro siglo. En ese entorno diverso, la actriz aprendió a observar y exagerar gestos que luego llevaría a la pantalla.
Las Islas de Toronto permiten ver la ciudad desde otra perspectiva, con el skyline recortado frente al lago. El trayecto en ferry regala una de las vistas más reconocibles del lugar. Pensar que en esta misma ciudad Catherine O’Hara pasó de audiciones pequeñas a escenarios internacionales es realmente interesante. Toronto está ligado para siempre al inicio de una carrera que dejó huella en el cine y la televisión. Y tú, ¿por qué proyecto la recuerdas?