La madrugada del 10 de febrero, en la colonia Villas del Sol, en Chilpancingo, marcó un antes y un después en la historia de una familia que hoy conmueve a todo Guerrero. Un incidente inesperado terminó con la tranquilidad de la calle Juan Vega, dejando una estampa de tristeza. Entre el humo y los restos de lo que fue un hogar, apareció una figura pequeña que se negó a abandonar el lugar: Canelo, un chihuahua de color canela que se nos mostró lo que signfica realmente la lealtad.
Este pequeño amigo pertenecía a los Román Cuica, una familia muy querida y conocida en la capital del estado. María del Rosario era enfermera y Celestino era abogado, mientras sus tres hijos dedicaban sus días a la escuela y al juego. El vacío que dejaron en la comunidad es enorme, pues eran personas unidas que participaban activamente en la vida de su barrio. Nadie imaginaba que la vida de estos cinco integrantes terminaría de forma tan repentina durante aquellas horas de oscuridad.
Te podría interesar
Cuando las llamas finalmente se apagaron y el silencio regresó a la vivienda, Canelo apareció entre los escombros como el único sobreviviente de la tragedia. A pesar del susto y del caos, el perrito no buscó huir ni se alejó para ponerse a salvo en otro sitio. Por el contrario, se quedó vigilando el terreno acordonado, caminando de un lado a otro sobre las cenizas y alejando a cualquier desconocido que intentara acercarse.
Los vecinos de la zona miraban con asombro cómo el animalito pasaba las horas echado frente a la puerta, esperando ver salir a sus dueños como cada mañana. La señora Mari, una vecina cercana que solía cuidarlo en vacaciones, intentó acercarle agua y comida para animarlo. Sin embargo, el dolor de Canelo era evidente; el perrito apenas probaba bocado y mantenía su mirada fija en las ruinas, demostrando que los animales sienten la ausencia de sus seres queridos de una forma profunda.
Canelo, símbolo de solidaridad tras la tragedia
La noticia sobre este guardián de cuatro patas voló rápidamente por las redes sociales, tocando las fibras más sensibles de miles de personas. Las fotos de Canelo, con su pelaje empolvado y su expresión de desconcierto, recorrieron México en cuestión de horas.
Mientras la comunidad organizaba colectas para apoyar a los familiares, la seguridad de Canelo se volvió una prioridad. No podian permitir que el chihuahua siguiera durmiendo a la intemperie. Fue entonces cuando las autoridades locales intervinieron para buscarle un sitio donde pudiera estar protegido y recibir la atención médica necesaria tras haber inhalado tanto humo durante el siniestro.
Actualmente, el pequeño chihuahua reside en el refugio Perritos Felices, un espacio en Chilpancingo donde especialistas vigilan su salud física y emocional. La prioridad fue garantizar que no pasara frío ni hambre. En este nuevo lugar, recibe caricias y cuidados constantes, ayudándolo a procesar todo lo ocurrido y preparándolo para que, en algún momento, pueda encontrar un entorno donde sigan dándole todo el cariño que merece.
Resulta verdaderamente asombroso cómo un ser tan diminuto logró movilizar a tanta gente y generar una ola de solidaridad tan grande. La historia de la familia Román Cuica quedará guardada en la memoria de los habitantes de Guerrero, pero la figura de Canelo será siempre el rayo de luz que surgió de entre las cenizas.