Cada vez que el avión tocaba pista en Buenos Aires, Olivia Sievers repetía la misma rutina: hotel, descanso breve y de nuevo al aire. Pero en uno de esos viajes ocurrió algo que no estaba en el itinerario. Afuera del hotel Hilton, en Puerto Madero, un perro callejero comenzó a esperarla como si supiera exactamente cuándo regresaría.
Olivia, azafata alemana, lo vio por primera vez en octubre. Era un mestizo de buen tamaño, de cola corta, que deambulaba por la zona. Lo alimentó, le dio cariño y hasta improvisó una manta de avión como cama. Pensó que sería un encuentro pasajero. No lo fue.
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Cada vez que volvía a Argentina, el perro estaba allí. Y cada vez que ella se iba, él desaparecía del barrio. Hasta que la historia dejó de parecer coincidencia.
Un reencuentro imposible de ignorar
Rubio —nombre que ella le dio— no solo la esperaba frente al hotel. La seguía durante sus paseos por la ciudad, se sentaba a su lado y la miraba con una mezcla de calma y determinación.
“Intenté perderlo porque no quería que se apegara”, contó Olivia. "No hubo suerte".
Cuando regresó a Alemania tras aquel primer encuentro, pensó que sería el final. Sin embargo, una semana después, en su siguiente vuelo a Buenos Aires, allí estaba otra vez. En el mismo lugar.
La historia llamó la atención de Mascotas Puerto Madero Adopciones Responsables, una ONG que había detectado al perro meses antes.
“Lo llamamos Cola corta, porque la tiene cortada. El tipo venía, desaparecía, volvía a aparecer”, relató Ariel Rota, voluntario de la organización.
Cuando Olivia los contactó y describió al animal, no hubo dudas: era el mismo.
Intentaron una adopción local. Un joven llamado Nicolás se ofreció a llevárselo a casa. Pero Rubio no encajó.
“Se lo llevó a su casa, pero tenía una gata que no quiso saber nada. El perro se escapó y apareció otra vez en el hotel donde se hospedaba Olivia”, contó Rota. Fue entonces cuando la azafata tomó la decisión definitiva: “yo lo quiero”.
Un pasaporte perruno
El proceso no fue sencillo. Como muchas historias de adopción internacional, comenzó con papeleo, certificados veterinarios y coordinación entre países. La ONG organizó el traslado y Rubio viajó solo rumbo a Alemania.
“Ahora vive en una casa grande, con un jardín rodeado de campo. Está todo genial. Olivia nos manda fotos del perro a Facebook y nos cuenta lo bien que está Rubio”, explicó Rota.
Hoy, más de una década después, Rubio tiene 13 años y pasa sus días en una granja del norte de Alemania, junto a Olivia y otros perros. Se adaptó sin problemas. Como si, en realidad, siempre hubiera sabido que ese era su destino.
En redes sociales, la historia se volvió viral. La publicación que mostraba a ambos en Alemania superó los miles de compartidos en pocos días. “¡Final feliz!”, escribió la asociación al anunciar el reencuentro definitivo.
Más allá de la historia viral, lo que conmovió fue la persistencia. “Rubio hizo su sueño realidad. Él eligió a Olivia… y ella lo eligió para siempre”, resumieron quienes siguieron la historia desde el inicio.