En una de las caminatas espirituales más largas realizadas en Estados Unidos hubo un protagonista inesperado: un perro mestizo, de origen callejero, que decidió no quedarse atrás. Su nombre es Aloka y, durante 108 días, recorrió más de 3 mil 700 kilómetros desde Texas hasta Washington siguiendo a un grupo de monjes budistas empeñados en sembrar paz.
Lo que comenzó como una travesía espiritual terminó convirtiéndose también en una historia viral, entrañable y profundamente humana (aunque tenga cuatro patas). La imagen de Aloka caminando firme junto a los monjes se transformó en un símbolo silencioso de lealtad, resiliencia y conexión.
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De perro callejero en la India a símbolo de paz en Washington
Aloka no nació entre templos ni ceremonias. Vivía en las calles de la India cuando se cruzó por primera vez con los monjes budistas Theravada durante una caminata previa en su país natal. Sin correa, sin entrenamiento formal y sin que nadie lo invitara oficialmente, simplemente decidió acompañarlos. Y no se fue más.
El 26 de octubre de 2025, diecinueve monjes iniciaron una “caminata por la paz” desde el Centro Huong Dao Vipassana Bhavana en Fort Worth, Texas. Liderados por el Venerable Bhikkhu Pannakara, vicepresidente del templo, emprendieron un recorrido de más de 3 mil 700 kilómetros hacia Washington. Su objetivo: promover la compasión, la no violencia y la atención plena a través de pasos conscientes.
Durante más de tres meses el perrito Aloka atravesó calor extremo, frío, carreteras, caminos rurales y ciudades enteras. No había refugio asegurado ni comida garantizada. Aun así, avanzó cada día junto a los monjes, descansó con ellos y apareció en cientos de fotografías y transmisiones en vivo que captaron la atención nacional e internacional.
La caminata no estuvo exenta de riesgos. En noviembre, cerca de Houston, el vehículo de escolta fue impactado por un camión y dos monjes resultaron heridos. Aun con la adversidad, el grupo continuó. Esa determinación, acompañada siempre por la presencia constante de Aloka, fortaleció el impacto del mensaje.
Viaje de 108 días y miles de seguidores
El martes 10 de febrero de 2026, tras completar 108 días —un número sagrado en el budismo que representa plenitud espiritual— los monjes llegaron al corazón de Washington D. C. Cientos de personas se congregaron en las calles heladas para presenciar la procesión silenciosa. Otros 3 mil 500 asistentes llenaron el Bender Arena de la American University, mientras más de 20 mil personas seguían la transmisión en vivo desde países como Jamaica, Alemania, Sri Lanka y Tailandia.
En la Catedral Nacional de Washington se celebró una ceremonia interreligiosa en la que participaron más de 100 monjes y monjas budistas, junto a líderes de otras tradiciones religiosas. Allí, frente al altar, Aloka ocupó un lugar central. No pronunció discursos ni encabezó consignas. Simplemente estuvo.
La caminata incluyó paradas en iglesias, ayuntamientos y comunidades desde Alabama hasta Virginia. En cada ciudad, personas de distintas ideologías ofrecieron agua, comida y apoyo. El mensaje, según explicaron los organizadores, nunca fue político ni partidista. Fue una invitación a practicar la paz en lo cotidiano: caminar con atención, escuchar con respeto, bajar el volumen al ruido exterior.
En medio de ese escenario, Aloka se convirtió en el puente emocional. Ni monje ni activista, logró algo difícil: conectar sin palabras. Su historia pasó de las calles de la India a los altares de Washington, demostrando que los símbolos más poderosos a veces no se planifican.
Tras la ceremonia, los monjes continuarán su agenda con visitas a Maryland, incluyendo la Casa del Estado en Annapolis y el Museo Conmemorativo de la Armada y el Cuerpo de Marines, antes de regresar en autobús a Texas para cerrar el recorrido donde comenzó.
Pero la imagen que quedará es otra: un perro rescatado caminando más de 3 mil 700 kilómetros por la paz, sin discursos y sin protagonismos buscados.