Dentro del municipio de Jacona, Michoacán de Ocampo, se encuentra El Opeño, uno de los sitios arqueológicos más representativos de los primeros pueblos asentados en el territorio michoacano. Este sitio cuenta con las tumbas y ofrendas funerarias más antiguas del occidente, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología (INAH).
En este sitio podrán encontrar vestigios de cámaras subterráneas cubiertas por bóvedas, excavadas en el subsuelo y a las que tenían acceso los pobladores locales por medio de escaleras. Dicho sitio sirvió para enterrar a los difuntos y sellar la entrada con piedras lajas.
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A lo largo de la historia se fueron asentado diversos pueblos en la zona de Michoacán, pero en este sitio comenzó un gran periodo cultural que dejó diversas costumbres, tradiciones e incluso objetos que se resguardan por el INAH.
¿Cómo son las figuras de jugadores de pelotas de El Opeño?
A través de su cuenta de X, el INAH compartió un conjunto de jugadores de pelota descubierto en la tumba de El Opeño, fechado hacia el 1,000 a.C., por lo tanto, consideraron constituye una de las evidencias más antiguas del juego de pelota en el Occidente de México.
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Las piezas fueron elaboradas con barro y portan protectores en una de sus piernas, así como elementos para golpear la pelota, lo que muestra la manera en que se practicaba este juego ancestral. Cabe resaltar que el juego de pelota se convirtió en uno de los rituales más importantes de las culturas mesoamericanas.
Historia del juego de pelota en México
Esta tradición se originó en la región olmeca de Tabasco y sur de Veracruz, entre los años 1200 y 200. a.C. d. Posteriormente, fue adoptado por todas las civilizaciones mesoamericanas, incluyendo los mayas y los nahuas que le agregaron sus propias tradiciones.
Cada región del país tenía sus propias reglas o medidas para la cancha. Sin embargo, para la gran mayoría esta actividad representaba un ritual cosmológico que los conectaba con sus diversos dioses.
La cancha representaba el universo y el inframundo, mientras la pelota de hule simbolizaba los cuerpos celestes (el Sol, la Luna y Venus). De igual manera, los movimientos y rebotes en las paredes escenificaban el viaje diario del Sol. Estas estructuras creadas por las culturas mesoamericanas aún cuentan con vestigios en diversas partes del país y los puedes conocer al visitar diversas zonas arqueológicas.