Entre cazuelas, chiles, maíz de distintos colores y un anafre encendido, Jesús Antonio García González encontró mucho más que una profesión: descubrió una forma de preservar la memoria de Iztacalco. Inspirado por las enseñanzas de su abuela, este cocinero tradicional ha convertido cada platillo en una oportunidad para compartir la historia de una de las alcaldías con mayor legado culinario de la Ciudad de México.
Su historia fue presentada en el video Sabores del Corazón, donde comparte cómo sus primeros acercamientos a la cocina ocurrieron mientras acompañaba a su abuela durante la preparación de los alimentos. Aquellos momentos, en los que aprendió a picar ingredientes, tostar ajonjolí o preparar mole, marcaron el inicio de un camino dedicado a rescatar la cocina tradicional capitalina.
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Acompañado por su esposa, Jessie Anahí Romero, y por su madre, Martha Patricia González, continúa promoviendo una forma de cocinar que mantiene vivos ingredientes, técnicas y recetas que han pasado de generación en generación.
Cocinar es preservar la memoria de Iztacalco
La historia de Jesús está estrechamente ligada a los recuerdos familiares. Su madre recuerda que todo comenzó al lado de su abuela, quien acostumbraba cocinar con carbón y leña, una práctica que despertó su curiosidad desde niño.
Mientras ayudaba con pequeñas tareas en la cocina, fue descubriendo el valor de cada ingrediente y el significado que la comida tiene dentro de las familias mexicanas.
Con el paso del tiempo decidió convertirse en cocinero tradicional, una elección que, según relata su madre, terminó por convertirse en un proyecto de vida enfocado en recuperar las memorias culinarias de la capital.
"Pensamos que no hay cocina tradicional en la Ciudad de México, pero sí hay cocina de la Ciudad de México; cada alcaldía tiene su propia comida", explica Jesús, convencido de que aún existen sabores poco conocidos incluso para quienes viven en la capital.
En el video también aparece su esposa, Jessie Anahí Romero, quien destaca la pasión con la que comparte su conocimiento.
- "Es una persona maravillosa y el amor de mi vida", expresa, al tiempo que reconoce que conversar, cocinar y compartir los alimentos forman parte de la esencia de su familia.
El legado de la antigua zona lacustre en la cocina
Aunque muchas personas asocian la cocina tradicional con comunidades rurales, Iztacalco conserva una identidad culinaria profundamente vinculada con su pasado lacustre. Antes de la expansión urbana, esta zona formaba parte del sistema de lagos del Valle de México, una condición que influyó en los ingredientes y formas de alimentación de sus habitantes.
Diversos estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia señalan que en esta región aún sobreviven preparaciones elaboradas con maíz criollo, chiles, semillas, quelites, nopales y otros productos que históricamente formaron parte de la alimentación de los pueblos originarios.
Para Jesús Antonio García González, cocinar estos platillos representa una manera de mantener viva esa historia. Él mismo define la cocina lacustre como un acto de permanencia en una ciudad que ha cambiado profundamente con el paso de los siglos.
Actualmente, la cocina tradicional de Iztacalco también se fortalece mediante encuentros gastronómicos, mercados locales y proyectos comunitarios que buscan preservar recetas heredadas por las familias de la alcaldía.
Historias como la de Jesús demuestran que un platillo puede convertirse en mucho más que alimento. También puede ser una forma de transmitir recuerdos, fortalecer la identidad de un barrio y acercar a nuevas generaciones a los sabores que han acompañado a la Ciudad de México durante siglos.