Cada 18 de agosto, la arqueología vuelve una mirada hacia el pasado para recordar que la historia de la humanidad también vive en las piedras, cuevas y los paisajes que han resistido el tiempo.
Esta fecha fue promovida originalmente por la Plataforma de Profesionales de la Arqueología en España y se extendió internacionalmente como una jornada para reconocer la importancia de proteger el patrimonio arqueológico.
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También rinde homenaje a Caleb al-Asaad, el arqueólogo sirio que perdió la vida en 2015 por defender los tesoros de Palmira.
El destino de 9 mil años de antigüedad que puedes disfrutar en Hidalgo
Si quieres brindar un merecido homenaje a los arqueólogos y su trabajo te comentamos que al norte de Tulancingo se encuentra Huapalcalco, un antiguo sitio cuyo nombre en náhuatl significa ‘Lugar de la casa de madera’, y entre montañas permanecen vestigios que conducen hasta unos 9,000 años atrás, cuando grupos humanos recorren este territorio.
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Ahí han sido descubiertos puntas de proyectil, un hacha de mano y pinturas rupestres que convierten a este sitio en una ventana hacia la prehistoria de México.
Miles de años después en que estos objetos fueron funcionales, Huapalcalco volvió a convertirse en un importante centro de población y su desarrollo estuvo relacionado con la influencia teotihuacana y posteriormente con tradiciones toltecas.
Entre sus estructuras primordiales destaca un adoratorio piramidal de base cuadrangular y tres cuerpos, además de plazas y plataformas que todavía permiten reconocer la importancia de este asentamiento.
Sitios cercanos a estos vestigios arqueológicos
Después de descubrir los vestigios de Huapalcalco, el viaje puede continuar por Tulancingo, una ciudad donde la arqueología, la historia y la cultura se encuentran a pocos kilómetros de distancia.
Una de las primeras paradas puede ser el Museo Patrimonial y de Culturas Huapalcalco, espacio dedicado a conservar y difundir la memoria de la región.
De regreso hacia el centro de Tulancingo, la antigua estación del ferrocarril ofrece otra mirada al pasado y el inmueble recuerda la época en que el tren transformó la comunicación y la vida de la región.
También está el Museo del Santo, dedicado a Rodolfo Guzmán Huerta, mejor conocido como El Santo, uno de los personajes más emblemáticos de la lucha libre y originario de Tulancingo, Hidalgo.