Una denuncia ciudadana fue lo que se necesitó para rescatar a una tigrillo hembra de apenas nueve meses que vivía, sin jaula ni confinamiento, dentro de una casa en San Pablo Huitzo, Distrito de Etla, Oaxaca.
El pasado 5 de agosto, personal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, acompañado por la Guardia Nacional, llegó al domicilio señalado por la posible tenencia ilegal de fauna silvestre, y lo que encontraron confirmó las sospechas.
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Ahí estaba ella: un ejemplar de Leopardus wiedii, especie conocida comúnmente como tigrillo, en aparente buen estado de salud, pero con un grado de habituación al humano que no debería tener un animal silvestre.
Se dejaba acercar y manejar sin ningún comportamiento propio de su especie en libertad, una señal clara de que había pasado buena parte de su corta vida en cautiverio doméstico.
Así se descubrió la posesión ilegal del tigrillo
Durante la inspección, los responsables del inmueble no pudieron presentar ningún documento que acreditara la legal procedencia del felino, y tampoco contaba con ningún sistema de marcaje que permitiera rastrear su origen. Ante la falta de evidencia legal, la Profepa inició un procedimiento administrativo y aseguró al animal de manera precautoria.
El tigrillo fue trasladado a un Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre en Pachuca en Hidalgo, un sitio con las instalaciones y el personal capacitado para brindarle manejo, resguardo y rehabilitación adecuados. Ahí se evaluará su condición física y de comportamiento para determinar si, más adelante, puede ser candidata a regresar a su hábitat natural.
El Leopardus wiedii: una especie en peligro
El Leopardus wiedii está catalogado en peligro de extinción según la NOM-059-SEMARNAT-2010, la norma que regula la protección de especies en México, y también figura en el Apéndice I de la Convención CITES, que controla el comercio internacional de fauna y flora amenazadas.
Estar en esta lista significa que cualquier tipo de comercio o posesión sin la documentación correspondiente constituye una violación grave a la normatividad ambiental.
La autoridades aprovecharon para recordar qué las denuncias ciudadanas son clave: sin ese primer aviso, este pequeño felino habría seguido viviendo fuera de su ecosistema natural, sin las condiciones que necesita para desarrollarse como el depredador silvestre que es.
La Profepa reiteró que continuará atendiendo este tipo de reportes para salvaguardar la integridad de la vida silvestre en el país, un recordatorio de que proteger a estas especies empieza, muchas veces, con algo tan simple como levantar la voz.