No va a pasar ni media hora desde que llegues a Aguascalientes para que notes el orgullo que sienten los hidrocálidos (así es, ese es el gentilicio) por su comida. Los sabores nacen de recetas de casa, de puestos de esquina y de cocinas que han pasado de generación en generación. Comer durante el viaje termina siendo una manera directa de entender cómo transcurre la vida cotidiana.
Uno de los primeros encuentros suele ser con las enchiladas hidrocálidas, reconocibles por su color rojo intenso y su presencia constante en fondas y cenadurías. Van bañadas en salsa, acompañadas con encurtidos de cerdo y verduras, y suelen llegar al plato con una generosa porción. También aparecen los tamales, las gorditas de maíz quebrado y guisos siempre repletos de color.
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En la capital es fácil toparte con cenadurías, esos lugares pensados para comer bien a cualquier hora. Ahí circulan flautas, tacos dorados, tostadas, sopes, pozole y atole. Los tacos de colores, rellenos de guisados distintos, son parte del paisaje nocturno y una excusa perfecta para probar más de uno.
Platillos imperdibles de Aguascalientes
El lechón al horno y el conejo a la chichimeca forman parte de los platillos que aparecen en mesas familiares y celebraciones. También está la carne en su jugo al estilo Aguascalientes, con caldo sabroso y acompañamientos. Son preparaciones que hablan de cocina cotidiana, pensada para alimentar bien y dejar satisfecho.
Si sales hacia Jesús María, las gorditas chiqueadas te van a detener el paso. Se rellenan con chicharrón, frijoles, tinga, mole, arroz o moronga, y suelen venderse en los portales de la plaza principal. Comerlas ahí mismo, de pie o sentado en una banca, forma parte de cualquier viaje a este destino.
San Francisco de los Romo, conocido como San Pancho, es parada obligada si te gustan las carnitas. Buche, nana, costilla, maciza, chamorro y patitas se acomodan en tacos acompañados de tortillas recién hechas y salsas variadas. El ritual consiste en elegir, sentarte y dejar que el sabor te enamore.
La comida tradicional en los Pueblos Mágicos de Aguascalientes
En Calvillo, la guayaba se cuela en casi todo. Dulces, ates, mermeladas, licores y postres convierten este fruto en protagonista absoluto. Además, la presencia de presas ha impulsado restaurantes de mariscos donde el pescado fresco también tiene un lugar importante dentro del recorrido gastronómico.
Recorrer los Pueblos Mágicos de Aguascalientes también es una forma directa de seguir comiendo bien. En Calvillo, además de la guayaba en todas sus versiones, aparecen fondas donde los guisos se sirven como en casa; en Real de Asientos los antojitos acompañan las caminatas por calles empedradas; en Pabellón de Hidalgo es común encontrar cocina casera ligada a sus haciendas históricas, y en San José de Gracia los platillos sencillos reconfortan después de un día junto a la presa.
Un recorrido por la gastronomía hidrocálida
De vuelta en la ciudad, hay un antojo que muchos consideran imperdible: la torta de albañil. Un bolillo relleno de crema, cuerito y chile jalapeño encurtido que sorprende por el contraste de texturas y sabores. A esto se suman las chaskas, nombre local de los esquites, y antojitos como los esmeriles, pequeñas gorditas fritas con rellenos sencillos y acompañamientos clásicos.
Para cerrar, el pan y las bebidas tradicionales completan el recorrido culinario. Cemitas, sanjuaneras, conchas, bolillos de nata, gorditas de nata y condoches salen de hornos de barrio desde temprano. Para beber, aparecen el colonche de tuna roja, el tejuino de maíz y el uvate. ¿Listo para probar todo esto?