Los Prismas Basálticos de Hidalgo forman uno de los paisajes más singulares de México. Las columnas geométricas que cubren la barranca de Santa María Regla parecen talladas a mano, pero nacieron hace millones de años cuando la lava se enfrió de manera repentina. Entre los muros oscuros caen varias cascadas que alimentan la presa de San Antonio Regla, que generan un murmullo constante que encaja perfecto con todo lo que se aprecia frente a tus ojos.
El lugar tiene una historia curiosa: Alexander von Humboldt visitó la zona en 1803 y quedó tan impactado que las dibujó. Sus trazos siguen exhibidos en un museo de Londres, como recordatorio de que este rincón hidalguense ha fascinado a viajeros durante siglos. Hoy puedes caminar por escaleras, senderos y puentes colgantes añadidos para recorrer la barranca sin perderte ningún ángulo.
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Las columnas alcanzan hasta 50 metros de altura y forman patrones entre cinco y seis lados que se repiten como mosaicos gigantes. Lo más impresionante es que detrás de las columnas visibles existen más capas de roca, ocultas como si la barranca guardara un tesoro geológico de varias capas. Desde el puente colgante, la panorámica es impactante: ves la caída del agua, el muro natural y el borde de la presa brillando entre las sombras.
¿Cuál es la historia de los Prismas Basálticos de Hidalgo?
Si quieres entender cómo nació este paisaje, el Centro de Interpretación es una parada perfecta. Ahí explican la formación de las columnas, la historia del antiguo asentamiento y su relación con el Geoparque Comarca Minera. Aunque el parque tiene más de treinta geositios, este es uno de los que más llama la atención por su forma y por la sensación de estar frente a algo único. Después de la visita, todo lo que ves en la barranca cobra mucho más sentido.
Maravillas de Huasca
- Centro de Interpretación de los Prismas Basálticos
- Ex Hacienda Santa María Regla
- Ex Hacienda San Miguel Regla
- Bosque de las Truchas
- Museo de los Duendes
- Peña del Aire
A solo unos minutos están las ex haciendas de la zona, como Santa María Regla y San Miguel Regla. Sus túneles, muros gruesos y capillas antiguas dan vida a una atmósfera atrapante. Entre una caminata y otra puedes encontrar antojitos, café de olla o pan de pulque servido calientito. Con clima fresco, la barbacoa hidalguense y los puestos con sazón casero se disfrutan más.
Para un plan más activo, el Bosque de las Truchas es una excelente parada. Puedes remar en los estanques, caminar entre árboles enormes y sentarte a ver cómo el paisaje te muestra sus verdes intensos con destellos azules del agua. El acceso con actividades ronda los 350 pesos y rinde para varias horas sin aburrirte. Es un sitio excelente para grupos, familias o quienes buscan un respiro tranquilo antes de seguir explorando.
Si te interesan las historias curiosas, el Museo de los Duendes es perfecto. Los habitantes de la zona aseguran que estos seres aparecen entre las barrancas y los bosques, y el museo reúne relatos, estatuillas y objetos vinculados con estas apariciones. El lugar abrió en 1999 y desde entonces se volvió una parada divertida. La entrada cuesta 40 pesos,
Peña del Aire es para quienes disfrutan sentir la adrenalina en las piernas. Se localiza a unos 12 kilómetros y tiene opciones como rappel de 75 metros, skybike, caminatas en cuerda floja y tirolesas que cruzan un cañón impresionante. La vista hacia las Barrancas de Metztitlán y Alcholoya es una postal enorme que cambia según la luz del día. El acceso general cuesta 30 pesos, mientras que las actividades van de 150 a 250 pesos.
¿Cómo llegar desde CDMX a Huasca de Ocampo?
Llegar desde CDMX es sencillo. En auto, el recorrido dura unas dos horas por la autopista México–Pachuca y el gasto ronda los 610 pesos entre gasolina y casetas. En transporte público, los autobuses a Pachuca van de 50 a 150 pesos, y las combis hacia Huasca suelen costar menos de 30. Ya estando en el pueblo, solo es cuestión de seguir la ruta local hacia los prismas, donde la entrada general sigue en 100 pesos.
Huasca de Ocampo, es excelente para pasar el fin de semana. Sus calles empedradas, el olor a pan recién horneado y los cafés pequeños crean un ambiente de ensueño. Desde ahí puedes llegar a los prismas en unos 15 minutos, y también moverte hacia la Peña del Aire, las ex haciendas o el Bosque de las Truchas. Comer en el pueblo es parte del plan: tlacoyos, enchiladas mineras, barbacoa y tamales son parte del menú cotidiano.