Como parte de los trabajos de recuperación durante el salvamento arqueológico del tramo 7 del Tren Maya en Quintana Roo, se recuperó una urna zoomorfa en cuya tapa se aprecia un ave que simbólicamente sería un animal guía por el inframundo.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) llevaron a cabo el proceso de restauración de la urna funeraria, que pudo contener cenizas o restos óseos de un personaje de élite.
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A través de un trabajo de fotogrametría, se creó un modelo digital en tercera dimensión de la pieza, que servirá para futuros estudios e iniciativas de divulgación.
¿Cómo es la urna funeraria encontrada en Quintana Roo y restaurada por el INAH?
La urna funeraria fue encontrada al oeste de la comunidad Nicolás Bravo, que pertenece al municipio Othón P. Blanco en Quintana Roo; el hallazgo fue en un contexto ritual y sin duda, ayudará a comprender la complejidad del pensamiento cosmogónico y las prácticas funerarias de los antiguos pueblos mayas.
De acuerdo con lo informado por el INAH, esta urna fue elaborada con arcilla con las técnicas de enrollado, modelado y engobe, y en la tapa tiene la representación de un ave nocturna que podría ser un búho.
Según el arqueólogo Ramón Carrillo Sánchez, quien coordinó el salvamento en el tramo 7 del Tren Maya, las aves de hábitos nocturnos eran relacionadas por los mayas con temas de la muerte, la guerra, las prácticas adivinatorias o el ámbito celestial del inframundo.
Por lo tanto, lo que parece ser un búho, además de representar poderío militar y económico, también tenía la función de ser un animal guía hacia el inframundo.
La urna, de cuerpo cóncavo convergente y tapa modelada, mide 10 cm de base y 23 cm de alto; al estar acompañada de materiales culturales como cerámica y otros de origen lítico y malacológico, se cree que pudo haber contenido restos óseos o cenizas de algún personaje de élite.
En el momento del hallazgo no se encontró elemento alguno en el interior de la urna, pero por el estilo se asocia al período Clásico Maya, es decir, entre el año 600 y 900 después de Cristo.
Los trabajos de restauración de la urna se hicieron entre el 17 y el 20 de noviembre de 2025 y recién se culminaron en un laboratorio del INAH, que fue habilitado en el Museo de la Cultura Maya de Chetumal.
El proceso comenzó con un registro fotográfico, con el que se determinaron características y el nivel de deterioro; posteriormente se hicieron labores de limpieza, se unieron fragmentos y se resanó, para finalmente tener una pieza de uniformidad estética.
También se creó el modelo digital en tercera dimensión, que servirá para su divulgación y próximos estudios. Actualmente la urna funeraria permanece en el Museo de la Cultura Maya de Chetumal, en la capital de Quintana Roo.