Millones de años después de que una especie desaparezca, sus restos pueden permanecer ocultos y convertirse en fósiles. La erosión, las mareas y el movimiento de sedimentos pueden devolverlos a la superficie, especialmente en costas. Eso explica cómo un niño pudo encontrar en Nueva Jersey un diente de megalodón de millones de años durante una caminata familiar. Pero ¿cómo llegó hasta ahí un resto de uno de los mayores depredadores que han existido?
La historia ocurrió este agosto durante unas vacaciones de la familia Bowers, originaria de Pensilvania, en Sea Isle City, Nueva Jersey. Mike Bowers recorría la playa junto a su hijo Bo, de 11 años, mientras buscaban conchas durante la marea baja. En medio del paseo, el padre detectó algo extraño entre las rocas de una escollera y decidió acercarse para averiguar qué había ahí.
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Entre las piedras había un pequeño hueco donde se alcanzaba a distinguir un objeto oscuro. Mike intentó sacarlo con la mano, pero la abertura era demasiado estrecha. Entonces llamó a Bo para pedirle ayuda. El niño consiguió meter el brazo entre las rocas y sacar la pieza, sin imaginar que acababa de recuperar un fósil perteneciente a un animal que desapareció hace millones de años.
¿Cómo supieron que era un diente de megalodón?
Al observarlo con atención, padre e hijo notaron que no tenía la apariencia de una piedra común. La familia decidió llevarlo con especialistas para identificarlo correctamente. El Centro de Observación e Investigación de Ballenas de Cape May examinó la pieza y confirmó que se trataba de un diente fosilizado de megalodón, con una longitud aproximada de diez centímetros.
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Existen muy pocos registros de dientes atribuidos a esta especie frente a las costas de Nueva Jersey. Encontrar uno durante una caminata familiar es todavía menos habitual. Para los Bowers, un día de búsqueda de conchas les trajó lo que seguramente será uno de los momentos más memorables de su vida.
El megalodón desapareció hace aproximadamente 3.6 millones de años, pero sus dientes pueden sobrevivir durante periodos enormes gracias a su composición y al proceso de fosilización. Mientras otras partes del cuerpo desaparecían, estas estructuras podían quedar enterradas bajo capas de sedimentos y conservarse hasta que algún proceso natural o actividad humana las volviera a dejar expuestas.
¿Cómo terminó un fósil de millones de años en la playa?
Pero queda la pregunta principal: ¿cómo llegó un fósil tan antiguo hasta esa escollera? Los especialistas creen que pudo aparecer durante trabajos de recuperación y recarga de arena realizados en la costa. Para estas labores se extrae material del fondo marino, donde pueden permanecer enterrados restos antiguos. Al trasladarlo hacia la playa, algunos fósiles terminan quedando entre los nuevos sedimentos.
Y el dueño original de aquel diente era un animal fuera de escala. Las estimaciones científicas indican que algunos megalodones pudieron alcanzar alrededor de 18 metros de longitud. Tenía dientes triangulares, gruesos y aserrados, además de unas mandíbulas capaces de ejercer una fuerza suficiente para enfrentarse a presas de gran tamaño, incluidos mamíferos marinos.
Este tiburón prehistórico ocupaba uno de los niveles más altos de las cadenas alimenticias marinas. Sus posibles presas incluían peces, tortugas, mamíferos marinos y ballenas. Algunos fósiles de cetáceos encontrados por investigadores presentan marcas que han sido relacionadas con ataques de megalodón, una pista sobre la clase de animales que podía perseguir en los antiguos océanos.
¿Qué hizo la familia con el diente de megalodón?
La familia Bowers decidió quedarse con el diente como recuerdo de sus vacaciones. Para Mike, quien practica buceo, el hallazgo tuvo un significado especial, ya que desde hace tiempo tenía la ilusión de encontrar un resto de este enorme depredador. Al final, una caminata les dejó entre las manos una pieza que muy pocas personas en todo el mundo han tenido la suerte de encontrar.
México también ha encontrado dientes de megalodón
En 2019, México fue escenario de un hallazgo de estos gigantes prehistóricos. Buzos especializados encontraron dos dientes fosilizados de megalodón en el cenote Maravilla, en Puerto Morelos, Quintana Roo, a 28 metros de profundidad. El descubrimiento fue reportado al Gran Acuífero Maya y uno de los dientes fue recuperado en 2021. Actualmente, ambas piezas se exhiben en el Museo Regional de la Costa Oriental, en Tulum.